126. LA IMPORTANCIA DE LA HACHE SEGÚN FLORO

               Hola, soy el Floro, y digo hola con hache porque aunque ya sabía que la llevaba pero era una cuestión de principios no ponerla, ahora sí la voy a usar para solidarizarme con la pobre letra, que aunque sea muda tiene su importancia en el mundo lexical; y si no, que se lo digan al banderas, llamado asín porque presumía de haberse acostado con más de cien mujeres, incluso sin haber pagado a dos o tres de ellas, aunque las malas lenguas decían que su “banderita” hacía tiempo que ondeaba a media ASTA, y por eso su ex le dejó “HASTA aquí hemos llegao, que te den”, y se largó con un semental de dos pueblos más allá después de haberle adornado la cabeza con ASTAS sin hache, que significa algo asín como cornamenta, y aprendió el valor de la hache, que es muda pero existe.

                Yo, lo que digo es que aquí donde vivo, la hache se suele aspirar, y si suelto un “estoy jarto” se entiende lo que he dicho. ¿Es que no está claro decir que a los jipis les gustan los jamster y su jobi es jincar? Pero si es por cultura, la van a tener; el hola lleva hache, y ya no la voy a aspirar, nos ha hodío, y tócate los cohones ya.

                Pues eso, que al cocretas, llamado asín simplemente porque le gustan las cocretas, se le han puesto los testículos de coletero porque quiere abrir una granja de caracoles y necesita una licencia que es muy difícil de conseguir, y como cualquier negocio es bueno para el pueblo, al alcalde se le ha ocurrido invitar al funcionario a cenar en la capital y conseguir camelarlo. Y como el cocretas no es precisamente un erudito al hablar como el emperador ese del Hapón, se formó una comitiva para acompañarlo al restaurante, formada, además del cocretas, el alcalde y yo, por:

NOMBRE TÉCNICO: el sumi.

Motivo del mote: se hincha a zumos y, como fontanero que es, desatascar sumideros es su especialidad.

Habilidades: canta que te cagas, y en un momento dado te puede distraer una situación tensa.

NOMBRE TÉCNICO: el trípode.

Motivo del mote: ¿es necesario explicarlo?

Habilidades: es feo de cohones, pero tiene un palique que engatusa a cualquiera, lo que unido a lo que la naturaleza le ha regalado, se lleva a la mujeres de calle (por si el funcionario va acompañado).

NOMBRE TÉCNICO: el monamur.

Motivo del mote: al hablar mezcla inglés, francés, español y gallego.

Habilidades: como es pologloto, poligleta pogligeta, polo…, como habla munchos idiomas, da cierto aire de cultura al pueblo, que siempre va bien para que no piensen que somos unos porrinos.

NOMBRE TÉCNICO: la merce.

Motivo del mote: no es que se llame Mercedes, es que se apunta a un bombardeo como un mercenario, y encima tiene una mercería que va de culo y quiere que el cocretas le emplee en su granja de caracoles.

Habilidades: si quiere, puede llegar con la lengua a la barbilla, ¿?.

NOMBRE TÉCNICO: la Gilda.

Motivo del mote: es que su nombre es demasiado largo, Hermenegilda.

Habilidades: pues casi ninguna, pero es abstemia y alguien nos tenía que llevar de vuelta al pueblo.

DÍA DE LOS HECHOS

                Pues llegamos al restaurante, que era caro porque no olía a calamares al entrar, y nos sentamos a esperar mirando lo bonito que estaba todo.

-¡Hostia!- soltó el sumi, ojeando los precios de la carta-. Que aquí cobran el pan.

-¡Coño!- exclamó el cocretas- Que no veo cocretas en el menú del día. Para ser más esacto, no hay ni menú. ¡Coño!, tres euros un bollo.

-Silbuplé, waiter- el monamur guiñó a la camarera-. Vaya trayendo dos jarras de agua del grifo, y que esté fresquitiña, meniña.

-¡Tampoco tiene migas con chorizo!- la merce se rascaba la nuca-. ¿Y eso qué es, huevos rotos? Menuda chorrada ¿¡Veinticinco euros por romper un par de huevos?

-Tranquilos- añadió el alcalde-. Que esto lo paga el erario.

-¿Y de dónde va a sacar el dinero el Olegario, si al pobre se le han perdido las cabras?

-Erario, Gilda, erario. El Ayuntamiento está para ayudar al pueblo, ¿no? Pues ya está.

                Y llegó el funcionario, llamado Alejandro, acompañado de otro hombre, Luis, al que presentó como “su amigo”, y claro, todos pensamos lo mismo, que eran mari… marido y marido.

-¡Garson!- el monamur soltó una palmada al aire-. Traiga un buen tinto, pero no una copa sino el tetrabrik entero. ¡Y un par de gaseosas también, salbuplis!

-¿Y usted a qué se dedica?- el trípode se puso la servilleta de corbata.

                Y después de que el tal Luis contestara que era inspector de Hacienda, el cocretas soltó un sollozo que el alcalde disimuló metiéndole un trozo de pan en la boca, mientras el sumi se arrancó a cantar “tengo tatuado tu nombre en un trosito de mi pielll…”.

-¡Oigh!, ¡inspector de Hacienda!- soltó la Gilda-. Pues su madre de usted tiene que estar muy contenta- el otro sonrió frío-. ¿Y cómo lleva lo otro?- el hombre se encogió de hombros-. Me refiero a eso…, a lo de ser homo. Porque malo no es, pero tampoco es que…

-¡Hostia!- bramó el trípode-. ¡Las gaseosas en botella de cristal!

-Así que inspector, ¿eh?- el alcalde aparentó firmeza, doblando en el fondo del bolsillo el sobre con los setenta euros que iba a regalar al funcionario para conseguir la licencia-. Pues precisamente viene muy bien alguien de sus conocimientos…

                Arriesgarse ya era peligroso pero teníamos que aprovechar que hubiera ido a la comida con la trola de que su nombre apareciera en el muro del Ayuntamiento como benefactor del pueblo, asín que dejamos que el trípode ejercitara sus habilidades de labia. Y el Alejandro parecía atontado oyéndole hablar, de vez en cuando interrumpido por alguna copla del sumi, mientras el monamur, el cocretas y yo no perdíamos comba de la conversación rellenando continuamente las copas.

-¿Y usted no bebe, Gilda?- Luis, el inspector, le cedió una copa.

-Pues no, verá usted. Es que soy astemia, ¿Sabe? Pero digo yo que un día es un día- y le pegó un lingotazo a la copa que la dejó casi encerada para nuevo uso.

-¿Puedo tutearla, Gilda?- la otra asintió-. Pues mira, Gilda, me parece que tú eres tan abstemia como yo otro- le rozó el brazo y le guiñó.

-No sé a qué se refiere- alardeó de inocencia y luego se giró con descaro hacia él.

                Y mientras la merce aplaudía al sumi cantando “que la detengan, que es una peligrosaaaa…”, el monamur pedía” más tinto para el vasiño, carallo, que wi ar sed”.

-¿Y a usted por qué le llaman el trípode?- Alejandro le interrumpió la perorata, fijo en él.

-¿Eh?, pues…- risitas de algunos.- Pues…, la fotografía; es que me gusta muncho- contestó, sabiéndose observado más de lo aconsejable por el funcionario.- Lo que le decía es que los caracoles son muy sanos para…

-Para todo, ¿sabes Luis?- le cuchicheaba Gilda al inspector con voz melosa.- Si te lo pones aquí- se cogió el pecho-, te dejan la piel suavita, suavita. Y si tú te lo pones aquí-el otro se dejó acariciar el cuello-, también- y le pegó otro lingotazo de cohones al vino.

                Para cuando llegaron los postres, el nivel de alcohol en vena era igual pero al revés a la posibilidad de que algo saliera bien.

-Id pidiendo la sandía que yo voy al váter- Gilda ojeó al inspector y le gruñó como un león- y disimulando, Luis abandonó la mesa tras ella, regresando un cuarto de hora después con la Gilda y un peinado nuevo.- ¡Uf, Floro!- me susurró al oído-. Menuda inspección me ha hecho- y rió, absorbiendo todos los chupitos que encontraba al paso.

-Es que una granja de caracoles es todo beneficio porque…- el trípode sintió una mano sobre su tercera pierna, miró al funcionario y le soltó un guantazo que le dejó el hocico en la nuca-. ¡Joder, coño! Pues no me ha metido mano, el muy…

                El Alejandro buscándose la nariz, la merce recogiendo en una fiambrera las sobras del postre, el sumi cantando  el “ra, ra, Rasputín, raspu, raspu Rasputín…”, el monamur con su “oh mai god, y ay mi madre”, el cocretas rompiendo su solicitud de apertura, la Gilda y el inspector mirándose como tortolitos a la cara, el alcalde agarrando al trípode para que no volviera a zurrar, mientras me daba el dinero para pagar y salir corriendo. Qué desastre.

                De vuelta al pueblo, conduciendo yo porque la Gilda no se sostenía de la moña que tenía, todos iban en silencio menos el trípode, que andaba cagándose en tó. Y lo curioso es que la licencia se la dieron, y todos pensaron que fue por el kikiflahs de la Gilda con el de Hacienda, que de mari… marido no tenía nada, pero no fue ésa la razón, aunque nunca lo sabrían. Esa infeliz cara del cocretas se me clavó en el alma, y también la de los demás, que por tontos que fueran le intentaron ayudar con las dos únicas manos que tenían; fue entonces cuando me acordé de la letra hache, que no se oye al hablar pero que existe si está escrita y diferencia un saludo de una ola de mar, y decidí que aunque muda, yo ahora iba a hablar por ella. Visité al funcionario y fue muy comprensivo cuando le contaba la importancia de los animales, incluidos los caracoles, que “fíjese usted, no saben lo que es el acoso, y que son siempre amigos, no testigos, y cuando uno mete la pata no dan publicidad, ni en periódicos ni en ná de ná”.

NOMBRE TÉCNICO : el floro.

Motivo del mote: es que es mi nombre de verdad.

Habilidades: aún no lo sé, pero alguna tendré.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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