121. EL CONFINAMIENTO SEGÚN FLORO

               Ola, soy el Floro, y esto del confinamiento me ha hecho dar vueltas a la cabeza, pero vueltas de verdad, no de premeditación sino vueltas de giro de ojos y cuello del mareo por estar encerrado en mi casa con esta pandilla de descerebrados; y me explico. Pues aprovechando que no podíamos salir, al alcalde se le ocurrió que podíamos adelantar trabajo desde casa y recopilar datos para la gaceta del pueblo; asín que él, yo y otros dos más nos quedamos en mi casa con esa idea. Pues eso, aparte de nosotros dos, otro era el Ptolomeo, llamado asín no por el mozuelo ese antiguo y ancestral de los tiempos de antes sino porque tenía la mala costumbre de orinar allá donde le diera la gana, tuviera o no dueño, y que en el diario llevaba la parte de ”pasatiempos”, que más bien debería llamarse “pierdetiempos” porque las chorradas que ponía eran del calibre de:
“Descubra el enigma: ¿qué come mi burro”. ALFA + L + CUARTA NOTA MUSICAL”.
“Ejercicio mental: si tengo dos sacos de maíz luego compro otro más pero le regalo al Salustiano cuarto y mitad, y 420 gramos a la viuda del Pedrito, ¿cuántas pelis puedo ver comiendo palomitas con lo que me sobre?”.
“Descifre la serie: 1, 3, 5, ( ), 9, 11.
10, 9, 8, 7, ( ), 5.
En fin, pues eso. Y otro era el Aflelú, que tenía una pollería y por un euro más te regalaba con el kilo de muslos de pollo media botella de garrafón, para que hicieras chinchín después del atracón de sus carnes y soltaras el regurdillo. Pues ya presentados los cuatro, y después de esperar más de tres días para que entendieran que el teletrabajo no era rascarse la huevera viendo “Pasión de gavilanes”, comenzamos a organizar el asunto y pensamos que era positivo crear nuevas secciones para encandilar a nuestros selectos lectores, y decidimos abrir una columna solo de piropos para que los solteros casaderos de la zona pudieran enamorar a alguna paisana. Por ejemplo:
“¡Aaaay!. Si las piedras hablaran te dirían que la tengo más dura que ellas, dura como una piedra tengo la cabeza de pensar en ti, rufiana de mi vida”. O:
“Quien fuera lengua para poder hablarte al oído y lamerte la cera con la que engordas este cirio que tengo entra las piernas y que sujeto con las rodillas porque rezo con las manos, ladrona de mi corazón”. O:
“¡Aaaay!. Ni los electricista tienen tantos empalmes como yo tengo en mi pooooobre alma, hembra canalla”. Incluso en inglés:
“I love you more than i love my cow because you don´t eat ALFA + L + FOURTH MUSICAL LETTER”.
No sé yo, pero insistieron en que a las zagalas le recalentarían estas boberías. Pues eso, una vez ya terminada la sección de piropos pasamos a otra nueva que titulamos “Origen de algunos refranes” y que, a mi forma de ver, era aún peor que la anterior porque sumando a nuestra ignorancia el hecho de que la información en el interné, después de seis o siete rondas de cervezas, la tomamos directamente de la whiskipedia, quedó tal que asín, por poner algún ejemplo:
“QUIEN A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA, BUENA SOMBRA LE COBIJA”. Se conoce que en inmemoriales tiempos un par de chavales se quedaron dormidos en el campo después de una buena castaña de…, de… pues de lo que se bebiera en esa época, y después de mucho sobar se despertaron todo sobresaltados rodeados de un corrillo que gritaban ante el milagro que presenciaban. Y es que uno de ellos estaba en pleno proceso de transformación en el dios de la tribu, que era un leopardo, pues todo su cuerpo, menos las parte pudendas que se ocultaban bajo una especie de pañal doblado y que era la moda del momento, se había plagado de manchas entre oscuras y blancas que no dejaban duda de que el ídolo se había encarnado en él. En plena metamorfosis, la deidad se levantó despacio, haciendo eses como si de una resaca se tratara y con movimientos idénticos al que hacía el animal en acecho, y todos se arrodillaron ante él, mientras éste se encaminaba al horizonte y rugía a lo lejos en plegarias al cielo por su pueblo, aunque asin, a simple vista, parecía que soltara la pota como si el mundo se fuera a acabar. La cosa es que desde ese día la nueva divinidad pasaba el tiempo en su trono, rodeado de guirnaldas y manjares, sin más ocupación que tocarse las pelotas, hasta que las manchitas de su piel poco a poco se empezaron a difuminar. Inmediatamente, los sabios del lugar, preocupados ante la enfermedad de su tótem humano, estudiaron el asunto y tras varios emplastos de boñiga, picaduras de avispas en los pezones y baños de leche agriada, concluyeron que la santidad era un don perecedero, pues su compañero de cogorzas, que se echaba la siesta en el mismo lugar sagrado donde surgieron los estigmas de su amigo, comenzó a mostrar el mismo prodigio de mutación en leopardo que lo llevo a ser adorado como nuevo dios, en un turno rotatorio que sentó a varios en el pedestal donde la deidad protegía a la tribu gracias a las manchitas de su piel.
Siglos después, los científicos descifraron el enigma basándose en una extraña teoría de que una tal capa de oszono ya venía rota de fábrica, y el sol daba de lo lindo. Y como hace mucho de esto y las camisas no existían en ese momento, el moreno albañil que ahora conocemos comenzó a surgir denominándose “moreno leopardo”, fácilmente conseguido si uno dormía la moña bajo algún árbol que dejara pasar entre sus ramas la alegre luz del día. Resumiendo: Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija: dícese del dicho que quiere decir que bajo una buena toldilla sobra el protector solar.
Y ahora me van a perdonar. Ya explicaremos el origen de más refranes el próximo día, pero es que van a dar las ocho de la tarde y aquí, en el pueblo, eso de salir a las terrazas a aplaudir queda como un susurro. Segundos antes de la hora soltamos una perdigonada al aire, y todos los rebaños empiezan a gritar, y los cencerros y las campanas de las iglesias a sonar, y estamos asín media hora más, cuando de repente todo queda en silencio, nos miramos todos desde lejos y sonreímos. Esto es muy raro porque después de tres semanas encerrados, me he sentido más integrado que en plena libertad.
ANA Mª GARCÍA YUSTE

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