111. REGALOS DE LOS REYES MAGOS AL BATALLÓN.

               Ola, soy el Floro y parece que voy a tener que hacer una foto de lo que quiero que me regalen, con flechas y anotaciones, para que de una vez acierten estos Reyes que tenemos porque…, es que vaya tela. Pues eso, a lo primero vi dos paquetes, con lo que me emocioné un rato, pero en cuanto abrí uno me mosqueé. Era una cinta de VHS, que menos mal que mi amigo el Barjman, llamado asín no porque pusiera chupitos en los baretos sino porque para las fiestas de Santa Cocreta se vistió de héroe y entró en la plaza del pueblo con su Simca tuneado con linternas y cartones; pues eso, que el Barjman era un apasionado de la técnica y tenía en su casa los últimos avances, asín que vimos allí la cinta, y se trataba de un reportaje marino sobre mantas eléctricas. Y como el muy cabronazo se trajo a todo el pueblo a su casa, el cachondeito fue serio. Lo peor vino después porque me hicieron abrir el segundo paquete delante de todos, y sí, esta vez sí era una manta pero no llegaba al metro al cuadrado y tenía pegada la foto de una chica que debía habérsele caído algo después de ducharse porque estaba desnuda y mojada, y también a cuatro patas buscando algo debajo del lavabo; y tenía todo al aire, depilado y muy fresquito…
-Eso sí que es una manta caliente, ¿eh, Floro?- me codeaba el Codeíno, llamado asín porque siempre codeaba y tomaba a espuertas el medicamento para el resfriado.
Menuda pandilla los del pueblo. Y venga a reír dándome palmadas y abrazos. La verdad es que, bien mirado, hasta era gracioso y me empecé a divertir. Era una manta caliente que nos hizo pasar un buen rato; un regalo escelente. Sí señor, creo que los Reyes nunca me habían regalado algo mejor hasta que el alcalde llegó a mi lado y me entregó otro fardo enrollado en el papel donde el carnicero envolvía los San Jacobos.
-Te lo han dejado los Reyes en el ayuntamiento- dijo al dármelo, sonriendo con alegría.
Y no se oyó el redoble de platillos esperando que lo abriera pero sí un silencio que me acojonó. Y motivo tenía. Todos los del pueblo habían participado en tejerme una manta, por supuesto bajo la supervisión de las comadres. El Poli, el Mojones, la Chochoni, el Pendulón, la Damiana; todos cogieron las agujas y, entre collejas y angustias, que eran los motes de las maestras, hilaron esta preciosa prenda que ahora tengo en las manos. Hasta el Renegao, llamado asín por no saber hacer nada bien, trenzó algunas lanas aunque le hiciera un punto porque “ me sanredado el hilo a la cremallera de la bragueta pero no pasa na porque le he pasao el dedo ensalivao y san juntao los pelillos”. Y ya no quiero hablar más. Solo quiero decir que siempre que haya bondad, los Reyes Magos existirán.

               Hola, soy Simón y he estado tentado de abrir el mueble-bar cuando he visto mi regalo. Era una caja grande, con lo cual prometía. Pero al quitar el envoltorio había unas letras escritas que decían “que se recicle tu tía”. Creo que era un mensaje de sus majestades respondiendo el mío, pero con retintín. Al abrir el paquete había un listado que explicaba el contenido:
1-.Colonia Agua Fresca: se trataba de un frasco de mayonesa que habían lavado, relleno de agua del tiempo.
2-.Móvil: los consabidos dos vasos de plástico unidos con una cuerda.
3-.Cinturón: un trenzado de gomillas de los calzoncillos que se extraen antes de tirar, terminadas en un nudo.
4-.Auriculares: repetición del número 2 pero con la cuerda del centro ajustable a la cabeza, y otra más larga anudada en mitad de la primera, que acaba en un tercer vaso, que acoplaremos al dispositivo que queramos escuchar (pared, corazón, ombligo…).
5-.Tirantes: repetición del número 3 pero más largo, doble y acabado en un imperdible.
6-.Taza de desayuno: repetición del número 4 pero sin cuerdas, introduciendo los tres vasos en uno, y sellando el orificio con cinta aislante (negra o roja, da igual).
7-.Cordones de zapatos: reutilización de las cuerdas desechadas del número 6.
8-.Matamoscas: repetición del número 3 pero sin el nudo.
9-.Cascada decorativa: utilización conjunta del número 1 y 4. Situar los tres vasos unidos en columna con la cuerda, a la que habremos despojado de pelillos y demás suciedad que cogen los zapatos (regalo número 7), y escanciaremos parte del número 1 en el superior, de forma que se deslice la colonia Agua Fresca hasta el último vaso, cuyo agujero habremos tapado previamente con cinta aislante (si es roja mejor, porque es más bonita).
10-.Juego de magia “tahúr, nivel inicial”: utilización del 4 (los tres vasos), y a entrenar para sacarse un pellizquito en las ferias, que la cosa está chunga.
En fin, y así un sinfín de regalos de reutilización extrema que los Reyes tuvieron las luces de idear porque les mandé a reciclar. Pero lo mejor, como siempre, se hizo esperar. Al fondo apareció una cartulina doblada; era un dibujo de mis hijos, retratando una familia unida, cogida por las manos y con una inmensa sonrisa en los labios. No puedo hablar más.
Querido diario: sé que siempre que tenga la familia a mi lado, los Reyes Magos existirán.

               Buen día, compañeros. Soy Urbano y quiero recalcar que fue un plan de pensiones lo que pedí. Un plan de pensiones ya pagado, no un ligue de la tercera edad, ni una vieja pensionista para un revolcón de fin de semana. Que yo no he pedido compañía sénior, y menos femenina, que yo me entiendo mejor con los varones porque tienen lo que me interesa, y me refiero a cerebro, entre otras cosas. Además, ésta viene con otro intruso, su nieto, un mozalbete de cinco o seis años al que he tenido que invitar, junto a su abuela, a chocolate con churros; y no paraba de hablar. Que si “tengo tres amigos” señalando el dos con los dedos, que si “mi perro se llama Pepe”, que si “eres muy serio”. En fin, reconozco que las tres horas de merienda se hicieron cortas con ese charlatán a cuerda, tanto que me hubiera gustado escucharlo más, pero se tenía que marchar a jugar con sus primos. Al despedirse pasó algo extraño. Con sus manitas, me cogió la cara y me sonrió; luego, me abrazó con tanta confianza como si fuera su abuelo, con la misma intensidad, con la misma pureza. Y no sé por qué me sentí tan bien; y no sé por qué me sentí tan mal. No sé por qué sentí tanta alegría y tanta tristeza. Sacó un pequeño regalo de su bolsillo, me lo dio y desaparecieron los dos. Era una piedra plana donde había dibujado un Nacimiento, inocente y perfecto. Al llegar a casa quité todos los chismes que había sobre la mesa y la coloqué en el centro, flanqueada por dos velas. Creo que no me moví en horas viéndola. Jamás había tenido algo tan valioso que no hubiera dinero que lo pudiera comprar. Ya lo he dicho todo; no quiero ni puedo hablar más. Solo quiero añadir que siempre que haya un niño, los Reyes Magos existirán.

¡¡¡¡¡¡¡FELIZ 2020!!!!!!!
ANA Mª GARCÍA YUSTE

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