101. RANKINTOP DE TALENTOS SEGÚN FLORO

               Ola, soy Floro, y estoy desasosegado. Esa palabra viene de la siega en el campo, cuando no se hace y el grano se desasosiega solo y/o no. Pues eso, que tengo un grano que no se quiere segar y no sé cómo quitármelo de encima. Y no me refiero un golondrino de esos que salen en los alerones, o al forúnculo que sale en las dos últimas silabas de la misma palabra que acabo de decir, sino a un encargo que escuece porque no sé bien cómo lo voy a hacer. Porque en la tómbola del pueblo se rifaron las columnas que cada uno debía escribir en la nueva gaceta que el alcalde se inventó para atraer a los publicistas o esponsor, que dicho sea de paso y me acabo de enterar no son los maridos de las esponsar, y sacar unos cuartos para encalar el pueblo y poner alguna que otra fuentecilla y demás. Pues eso, que a mí me ha tocado la sección de “curiosidades” y dándole vueltas a la cabeza sin girar el cuerpo creo que estaría bien escribir sobre algunos talentos que tienen los vecinos por estas tierras, un RANKINTOP TALENTUDO, y poner salsa, es decir, ensalzar nuestros productos autostonos.

NÚMERO TRES. EL MÁS LISTO: El Mojones, llamado asín no por los frutos de su vientre sino porque siempre andaba poniendo pedruscos en las lindes de su finca y las amojonaba con rocas de metro y medio señalando su propiedad y acojonando al que la pisara sin su permiso. Pues eso, el Mojones fue espía en su juventud, no sé de qué bando, y cuando acabó la guerra se sacó por la academia a distancia ZeZeZe el diploma de detective y tuvo muncho trabajo descubriendo cornamentas de alcoba que munchas veces callaba a cambio de algún regalito. Y el número de cuernos en el pueblo desapareció en la misma medida que él aceptaba obsequios. Con esto no quiero decir que fuera corrusto sino que el hombre era listo y le hacía muncha ilusión recibir cositas por un trabajo bien hecho. Se jubiló pronto, bueno, más bien lo jubilaron porque antes no era como ahora, que vas a un mindundi cualquiera, le das un detallito aunque sea chico y solo quepa en un sobre, y luego te sale un trabajo o has aprobado algún examen y eso, sino que el tema de los regalos no gustó y se quedó sin clientela. En fin, que era listo porque ganó bastante dinero, pero tuvo que emigrar rápido cuando empezaron a nacer niños de ojos verdes en familias que solo tenían cerca ese color en los olivos, o cabelleras rojas en parientes con el pelo más negro que un tizón. Y por muncho que las madres inventaran algún ancestro con esa cualidad, la excusa no colaba y los maridos se acordaban del Mojones, cuyo mote continuó aunque con un significado más estrictamente fisiológico.

NÚMERO DOS. EL MÁS CARISMÁTICO: El Pendulón, llamado asín porque unas veces era pendón y otras no. Y es que, aparte de llevarse al pajar a quien le diera la gana, tenía la cara más dura que la bragueta y era capaz de conseguir lo que le diera la gana tomándote el pelo y tú ni te enterabas. Por poner un ejemplo, porque no quiero poner dos, recuerdo el día en que el Soplón, llamado asín no por acusica sino porque siempre andaba soplándose el flequillo que le molestaba en la cara, pues eso, que el Soplón organizó un torneo de petanca para que todos jugaran contra él y ganarse una buena cantidad en la porra en la que se apostaba porque necesitaba replantar el melonar y no tenía ni un céntimo. Y como era mu bueno en eso de tirar las pelotitas, iba ganando uno a uno a todos hasta que llegó el Pendulón, y todos vieron cómo la bola negra se movió dos pelos, pero él lo negó, sonriente y calmado, y con su labia hizo dudar hasta los cimientos del público más ostinado en ver lo que vio, porque “¿acaso el aire que roza contra la arena y crea una ilusoria oscilación como un espejismo en el desierto, puede convertir en cierta una falsedad visual y cometer la terrible injusticia de hacer perder a una buena persona como yo?”. La cosa es que se llevó el dinero y el Soplón plantó sus tierras a escupitajos, comiendo melones de saldo que recibió como premio de consolación. Ahora entiendo lo del carisma; es tener la caris más dura que la bola blanca de éste rebotando, como yo también vi, contra la negra.

NÚMERO UNO.EL MÁS ÁGIL: El Pelao, que lo llamaban asín porque iba depilao y siempre estaba tieso de dinero. Pues el Pelao era especialista en atletismo; corría que te cagas por el campo, por los sembrados, por munchos sitios. Yo lo vi correr un día y casi no me lo creo; parecía un rayo, volando por las calles del pueblo, y creo que no llevaba ropa, supongo que para ir más rápido y fresco. Y de todo el pelotón que lo seguía, gritando el esfuerzo, ni uno solo le pudo adelantar. Me acuerdo muy bien porque ese fue el mismo día en que pillaron a la mujer del fontanero con alguien en la cama y no se hablaba de otra cosa. Mira tú que la casualidad. Pues eso. También le salía muy bien lo del lanzamiento, pero como no teníamos ni jabalina ni disco, él tiraba lo que fuera. Un día me dejó pasmado porque le pillé en pleno entrenamiento con piedras; madre mía, qué lejos las tiraba. Y el tío apuntaba que no veas porque siempre daba casi en el mismo sitio a lo lejos, y se oían como aplausos de atinar en la diana. Pero tuvo que cambiar de lugar porque allí era donde el Pepín soltaba sus gallinas y se conoce que algún zorrillo se las llevaba; incluso alguna parecía como descalabrada. Pobrecillas. Asín que el Pelao probó con otra disciplina que era el salto de pértiga, y se le veía mu feliz brincando de huerta en huerta; y para hacerlo más difícil, llevaba una mochila que iba rellenando conforme salía de las tomateras o las alcachofas y asín tenía más peso  para hacer músculo. Se puso cuadrado aunque un día se le rompió la pértiga, que era una caña larga, y se partió el culo y pidió al Ayuntamiento que le pusieran una masajista, y como el Alcalde era muy ahorrador, le mando a un fitioserapeuta chino mu apañao que cobraba más barato. Y parece que la cosa le gustó al Pelao, y muncho…;  ahí lo dejo.

                En fin, que este pueblo es cuna de talentos especiales, generaciones de inteligencia nata que engrandece nuestra historia, junto a los productos de la tierra, también nata. Pues eso, que ya he terminado.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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