93. WAI PERO NO DEL PARAWAI SEGÚN FLORO

                Ola, soy el Floro, y yo lo que tengo que decir es que no estoy de acuerdo, no señor. Porque yo sé que al pueblo hay que echarlo para arriba como sea, pero es que hay maneras y maneras, y asin…. Y esto viene por lo del acontecimiento del que se enteró el alcalde y nos puso a todos a desfilar, que vino to nervioso porque le llegó una circular que le informaba de que una exposición de coches antiguos buscaba un lugar donde celebrarse, y se abrió el plazo para presentar candidaturas. Entonces, el Porretas, que lo llamaban asín no porque fuera endroguista sino porque siempre andaba en bolas para conseguir un moreno integral, pues eso, que el Porretas hizo un proyecto, porque del pueblo era uno de los más estudiaos porque tenía el título de Fabricador de Proyectos, que eso significa FP en módulo de madera, mueble y corcho, y le salió bastante cutre, pero lo seleccionaron para ir a la final; yo creo que tuvo que ver que en la portada pusiera la foto de su seiscientos, que lo tenía en el granero y las gallinas lo llenaban de huevos pero lo limpió, y le dijo a la Titi, que la llamaban asín por tía güena porque de nombre era Vicenta, que se sacara un poco la pechuga y sonriera para la pose. Y como era una maciza de rabiar y el coche no estaba mal, no nos eliminaron.
La cosa es que ahora había que ir a la capital porque el patrocinador, antes de escoger, quería conocer a los candidatos, asín que formamos un comité entre el alcalde, yo mismo, el Porretas, el Trancas, ya conocido por la fortaleza de su bragueta, el Policarpo, el Potato y, por supuesto, la Titi, y nos fuimos todos juntos a la ciudad en la furgoneta donde el alcalde llevaba a las cabras y a sus cochinos a los muestrarios de ferias, y que olía muy raro, mezcla a ambientador de pino y a lo que se planta cuando dices que te vas a plantar un pino. Pues eso, que cuando llegamos repartimos la colonia a granel que compraba el Potato y nos la echamos por los sobacos, mientras la Titi se restregaba por detrás de las orejas una varilla de canela porque decía que eso ponía a cien al toro y montaba de una sentada a ocho o diez vacas. Después, para entrar al edificio donde nos citaron, nos colgamos nuestras credenciales y se la íbamos enseñando a todos, fardando de nuestra medalla al cuello.
Madre mía, cuánta gente había allí, y qué trajes más raros; todos eran muy oscuros, casi negros. Las chaquetas y las corbatas parecían de luto, y las mujeres llevaban unos vestidos que tapaban cada una de las curvas del cuerpo que la Titi estrujaba en medio metro de tela fosforescente que daba alegría mirar.
-Bienvenidos, señores- una mujer con acento extranjero nos invitó a pasar-. Les voy a presentar a Mr. White. Tener mucho interés en conocerles.
-¡Anda!, igual que nosotros, ¿verdad?- el alcalde nos miró e insistió con gestos que lo confirmáramos.
-¡Pos claro, hombre!- respondimos todos-. Anda que no.
.Perdóneme, madmuasel- la Titi forzó un tono aristocrático-. ¿Podría indicarme dónde está la tualé?. Es que me estoy orinando.
Ella se marchó a mear y nosotros nos fuimos con el mister .
-Welcome. I am very happy to meet you.
-OH, mister Wai, Cómo eres you- y el alcalde se me acercó al oído-. Oye, Floro, tú sabías inglés, ¿no?.
-¿Yo?. Uf, pero poco.
-A ver- siguió susurrándome en la oreja-, ¿en una escala del uno al diez?.
-Pues…, más o menos como aquel coche.
El alcalde ojeó el For que había en el centro de la sala y bufó, estrujándose la mollera.
-Mr White se alegra de conocerles- se apresuró a aclarar la azafata.
-Igualito que nosotros- respondió juguetón el Trancas, acercándose a ella sin disimular que le gustaba.
-Wi are veri japi for estar aquí- añadí yo, dominando el idioma.
Mister Wai se empezó a reír.
-Yo hablar español regular, but you inglés fatal.
-Yes, of corse, mister Wai.
Y el tío se descojonaba cada vez que yo abría la boca, pero me mosqueaba un rato porque no sé si me estaba tomando el pelo o no. Luego nos presentó a su socio, que se llamaba mister Blac, y comprendimos por qué su empresa se titulaba “El Yingyang”. La cosa es que las malas lenguas que se atiborraban de canapés en el salón, nos cotillearon que eran pareja, por lo que me mosqueé aún más con sus risitas y la forma de corazoncito de sus labios cuando me hablaba. Pero si lo eran, el Blac le daba a todos los palos porque cuando la Titi regresó, que por lo que tardó debió cagar aunque después le vi el bolso a rebosar por todo lo que había arramblado en el váter, pues eso, que cuando llegó, se le salieron los ojos y fueron directos al canalillo que formaba su pechera.
-Oye, Poli- le dijo el alcalde-, controla al Trancas con la azafata. No vayamos a tener aquí un disgusto.
Y mientras el Porretas entretenía a otra delegación contándole lo claros que tenía los pelos de las ingles por tomar el sol en bolas, el Potato me echaba una mano para que el mister Wai no me metiera la ídem, que ya me tenía hasta el moño de tanto “tú ser muy atracteishon”. El alcalde decía que sí a todo con la cabeza harto de no enterarse de nada, mientras controlaba que mister Blac no se pasara con la Titi, diciéndole que ella era patrimonio nacional y no se debía tocar.
-Estos Blac an Wai no son del Parawai. Están más salidos que una mona en celo- me chismorreaba en bajito.
-Qué me vas a contar a mí. Este tío me tiene hasta los coj…
-Aguanta, Floro, aguanta- me susurraba el alcalde, sacudiéndome por los hombros-. Es un sacrificio para la Patria.
Entonces, cuando yo me cagaba en tó quitándome aquellas zarpas de encima, se empezaron a escuchar unos golpes rítmicos acompañados de respiraciones raras que provenían de una habitación donde el Poli se apostaba a la puerta, cual segurata de chiringuito; y como no vi al Trancas ni a la azafata imaginé de qué se trataba.
Ay, qué desastre. Mientras la Titi robaba todos los ceniceros que podía, se dejaba hacer fotos porque “me voy a hacer famosa”. El Potato me tiraba del brazo para que nos fuésemos ya porque “potato echo aquí, vámonos ya que nos hemos comido una mierda”. El Porretas enseñaba el tatuaje que consiguió que el sol le hiciera con pegatinas dibujando unos descomunales abdominales bajo su pecho, a la vez que el alcalde presumía de la foto que mostraba dónde se haría la exposición en el pueblo, que era el polideportivo, que para disimular las gradas las llenamos de macetas y pusimos un pozo de mentira en el centro como algo típico de la zona, rodeado todo de cocos y pájaros de papel maché. En fin, un desastre en general, también en particular.
Pues eso, que cuando llegamos de vuelta con el rabo entre las piernas menos el Trancas, que ahí no le cabía, y la Titi, que no tenía, al trombón de la banda se le fue el fuelle al contarles que ná de ná, y todos a sus casas; y la pancarta de “Viva nuestros héroes”, sirvió para tapar el seiscientos del Porrretas y que las gallinas emigraran. Menos mal que la Titi empezó a regalar los suvernir que había mangado, y a mí me tocó un escobillero de váter la mar de chato que quedó chachi en mi tualé. No fue todo malo; encima del regalo he aprendido francés. Siempre hay que ser positivo, nunca negativo. ¿Dónde he oído yo eso antes?.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s