91. TUTORIAL SOBRE CÓMO AHORRAR SEGÚN URBANO

               Buen Día, compañeros. Soy Urbano y quiero dejar claro que aunque mi posición económica es holgada, la austeridad en el gasto es algo que me caracteriza, junto a mi inteligencia, buen porte, saber estar, distinción, elegancia, talento, lucidez, gracia, refinamiento, compostura, estilo… Y eso solo en palabras, porque en frases también, entre otras, me representa la empatía por lo que al vulgo le pueda pasar, la participación desinteresada en la lucha que mantienen las clases bajas para la obtención de sus alimentos típicos como la sopa o el trigo, mi férreo apoyo a la no discriminación a esos ejemplares de piel oscura y palmas de manos y pies blancos que tan cerca están del primer individuo de la evolución humana; la transigencia en el orden político de esos especímenes comunistas de tambor, mugre y rasta, o la inclusión femenina en el mundo laboral sin distinción alguna a causa de su debilidad física y mental. Así soy yo, desprendido, generoso y cabal.

                Pues bien, tras esta somera exposición de algunas de mis cualidades, paso a mostrar mi TUTORIAL SOBRE CÓMO AHORRAR:

1-. LA COLONIA. Podemos elaborarla nosotros mismos con ingredientes básicos que todos tenemos a mano: un recipiente de plástico, azúcar, levadura… En el momento justo antes de fermentar la mezcla, extraeremos cincuenta centímetros cúbicos de líquido al que añadiremos unas gotas de limón. Una vez enfriado, ya podemos pulverizarnos con nuestro perfume casero con la única pega de que desprenderemos un ligero efluvio a tinto de verano, inconveniente mínimo teniendo en cuenta que el resto, que aún macera y una vez destilado, nos lo beberemos con unos pinchos de tortilla que previamente habremos sableado al primer tonto que tengamos al lado. Sí señor, tomar unas copichuelas bien olidos es tener clase.

2-. PAÑUELOS DESECHABLES. Una vez separadas las capas de celulosa, en la primera sonata de nariz aplicar poco fuelle; incorporar otra capa y volverse a sonar, y así sucesivamente, distribuyendo con proporcionalidad la masa verde para evitar que se ahueque un agujero en el clínex y terminemos restregándonos la mano en una farola para librarnos de los mocos.

3-. ESPONJAS. Son innecesarias. En su lugar, derramar unas gotas de gel en la ropa interior sucia que nos acabamos de quitar, y nos restregaremos con ella. De esta forma, a la vez de asear nuestro cuerpo, eliminaremos la zurrapa pegada a los calzoncillos como antaño, golpeándonos las nalgas y consiguiendo con esta acción un inmaculado limpio y algo de gustito, para mí no, para los depravados, claro.

4-. EL CEPILLO DE DIENTES. Cuando las cerdas estén vencidas cortarlas a ras de la más pequeña y reiterar su uso. Sabremos cuándo llega el momento de no volverlo a utilizar en el caso en que dos o más piezas dentales se quiebren con el cepillado al chocar el plástico y nuestra boca se transforme con el sarro en el hábitat ideal para las ranas, instante en que podemos reciclar nuestro cepillo utilizándolo como peine de cejas o utensilio para eliminar esas incómodas pelotillas que siempre se forman entre los dedos de los pies. En este último caso, señalaremos una muesca en el palo del cepillo que lo indique, con la finalidad de que, si nuestro reciclaje es extremo y decidimos exprimir su uso, ninguna de esas bolillas viajen de los pies a la boca y acaben incrustadas entre medias de nuestras piezas dentales . La prevención lo primero.

5-. EL JABÓN. Recuperar  todos los restos que vayan sobrando por pequeños, e insertarlos en un palo de hacer pinchitos hasta que la torre de jabón parezca un rollo de kebab. A la hora de la ducha, emplear nuestro cortacallos habitual y hacer lascas en la torre, que deberán caer sobre nuestra bragaesponja, y utilizar al gusto. Nunca mojar el rollo ya que se desmoronaría y nos veríamos obligados a pedir prestado un aire acondicionado portátil para solidificar la masa y volverla a usar, aunque algún pelillo rizado hubiera caído dentro.

6-. EL PEINE. Hay una sencilla manera de evitar que los surcos ensangrentados en nuestra cabeza nos adviertan de que ya es hora de comprar otro y es utilizándolo al revés, es decir, por donde no hay púas y nada peina. Y no es por roña, es que peinarse es malo para el pelo. Corta las puntas, duele y, además, puede dejarte calvo. Yo, por eso, no lo uso;  con mi cepillo de dientes reciclado me basto, porque para mí lo importante no es la cantidad sino la calidad. Largos son mis cabellos sobre las orejas y corto me han de atar si a formas de ahorrar se refieren. Uf, creo que me he bebido más colonia de la cuenta. Huelo a botellón y, encima, me duele la cabeza. Otro día contaré cómo limpiar nuestros oídos ahorrando los bastoncillos, solo con la uña del meñique y un palito de romero; pero ahora no. Me voy a la cama.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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