86. MAÚLLA, QUE GATOS NO HAY

               Han dicho de mí que no sé estar, que no guardo la adecuada compostura y no sé convivir en sociedad. Dicen que no intento disimular cuando algo me molesta, y que mando a la mierda cuando cualquier asunto me sienta mal. También piensan que soy una inadaptada porque solo sonrío en ocasiones contadas, e imaginan que es por mi prepotencia por lo que siempre voy seria; que visto en desacuerdo con la edad, que la vida me dará lecciones de honestidad y que nunca tendré el respeto de los demás.

                Cuentan que vivo sin reglas, y que todo aquel que, como yo, no admite censura previa, al final recibirá de recompensa una consabida falta de benevolencia, aunque la disfrute ya.

        Amenazan con darme la espalda si sigo insistiendo en ser quien soy, en permanecer fiel a mí misma, en no levantar el meñique cuando tomo café, o en sentarme a horcajadas aunque se me vean las bragas.

               Critican que haga lo que me apetezca, que no cuente con nadie y que diga “no” con la boca abierta; que me baste sola y grite ¡basta! cuando oiga tonterías.

               Y yo digo que me descojono por dentro cuando observo sus miserias, y más me río al ver cómo se sientan, apretujados entre una muchedumbre donde todos son del mismo color, anodino, simple, donde todos son capaces de llorar sin hacer ruido y fingir que viven sin miedo, aunque lo que sientan es pavor. Atan estrechas sus cinturas para evitar que el oxígeno dilate sus pulmones, porque no quieren respirar, no sabrían qué hacer con tanto aire y, además, así evitan la tentación de volar. Quizás desde lo alto la perspectiva fuera otra y les gustara más, pero son conscientes de la incapacidad de escuchar como los llaman inadaptados, marginales aislados o insolentes. Sin embargo, se está tan bien allí arriba, es tan agradable que apenas lleguen los ecos de las demás gentes, sus molestos ruidos; incluso notan que esa brisa helada en la cara les da calor y les deja desnudos, tal como vinimos, desvestidos de mentiras y prejuicios. Hay tanta pureza, pero es tan duro mantener el vuelo cuando estás solo que luego se quiebran, se asustan y descienden, volviéndose a apretar el cinto para exhalar la peligrosa libertad que han respirado, esa deliciosa sensación de huida.

                El regreso es muy agrio cuando has probado las mieles de la independencia y te has rescatado a ti mismo, reconocer que tú eres el único que ha tomado la decisión del retorno porque temes disfrutar de la vida;  en el fondo, nos envidias hasta lo más hondo de tus entrañas y disimulas tu impotencia llamándonos inadaptados, marginales aislados o insolentes.

                Aquí nos tenéis; somos un reducto de esperanza, una minoría, pero por pequeña que parezca guardamos la libertad como una joya, como nuestra forma de vida. Sin ella, nuestros valores no existirían, se perderían en el mismo lugar donde los demás aparcan sus ilusiones y se extravían. Gracias a aquellos que nos critican sabemos que nuestro camino es el correcto; sus burlas son faro, una guía que nos desvía de su luz para correr al lado opuesto.

                Pueden insultarnos e intentar humillarnos, incluso pueden sacar las manos entre medias de los barrotes de sus celdas para pegarnos, pero por encima de todo hay algo que nunca pueden olvidar, y es que nos gusta ser como somos.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

2 comentarios en “86. MAÚLLA, QUE GATOS NO HAY

  1. Me gustan los cuentos y textos que has escrito en tu blog, uno de los descubrimientos más interesantes que he hecho en lo que va del año. Es raro porque de alguna manera, me siento identificado con este post. Al respecto solo puede decir que si algo he aprendido con el paso del tiempo, es que jamás podrás complacer a todo el mundo, así que es mejor antes que nada complacerse a uno mismo, porque fallarte a ti, eso sí sería decepcionante.

    Pregunta, ¿te dedicas a escribir profesionalmente? ¿Has publicado algo?

    Saludos.

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    1. Agradezco tu comentario. Siempre es estimulante un crítica tan amable. Sí, he publicado en este difícil mundo de la literatura, aunque no tanto como quisiera. Los intereses entre editores y escritores no siempre van en la misma dirección. De nuevo gracias. Un saludo.

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