79. TUTORIAL CONTRA LA MALA EDUCANCIA AL HABLAR SEGÚN URBANO

               Buen día, compañeros. Soy Urbano y hoy vengo con el fin de aconsejar a nuestros jóvenes sobre la manera de evitar esta epidemia que los asola y que se contagia entre ellos a extremos bíblicos: la mala educancia al hablar. Sabemos todos, al menos casi todos, porque de alguno lo dudo, que el vocablo está mal empleado, pero lo hago con la idea de resumir lo que nuestros actuales imberbes, futuros barbudos y barbudas, entienden como “educación”, que no es sino analfabetismo en comuna. Para paliar esta lacra, y prosiguiendo en mi incesante y habitual tónica de compartir mis ingentes conocimientos, voy a presentar el siguiente tutorial: CINCO MANERAS DE EVITAR SER UN PALURDO AL HABLAR, O AL MENOS SI NO SE PUEDE, DE DISIMULARLO”.

1-. EL ORDEN DE LOS FACTORES SÍ ALTERA EL PRODUCTO. Yo creo que está claro que hablar, alterando la colocación de las palabras en una frase, da distinto significado al que tendría si se respetara su adecuada organización. Nadie puede negar que “el granjero fuma mientras las vacas pastan hierba”, es diferente a “las vacas pastan mientras el granjero fuma hierba”, o que “tengo la cabeza caliente de tanto recoger nabos al sol”, también dista de “tengo caliente por el sol la cabeza del nabo”, o “el hombre toca a las gallinas cuando trabajan poniendo huevos” es distinto a “las gallinas trabajan mientras el hombre se toca los huevos”. Es sumamente desolador destruir el noble arte de componer una frase a la perfección. ¿Entonces, por qué ese horror de “para un pito comprar en el quiosco un pavo necesito” que, para mi desgracia, oí en la radio de un gañán cantando?. Porque es de común acuerdo que fumar es nocivo pero, ¿acaso no es peor requerir la presencia de un ave gallinácea para adquirir un miembro viril masculino?. No, no, no. Orden, por favor; rigor. No es cuestión de ser cuadriculado sino de amoldarse al marco de los cuadrados y no salirse del recuadro.

2-. EVITAR MULETILLAS MARGINALES. No exagero si digo que es un cataclismo, una aberración descomunal, iniciar frases con expresiones tales como “eh, tío”, “qué coño haces, maricón “, “qué pasa, cabrón”. Pandilla de delincuentes lingüísticos, exterminadores de la cultura, agresores de palabras. Dónde ha quedado aquel “cuán hermosa va la dama”, o el “buen día, Don X, tiene usted un porte egregio”. Estoy seguro de que en boca de estos bandidos de veinte años el “pisha, que pasa Pepe, que ya he ido a tu kely y he vicheao a tu vieja; que te den” sería la versión rapeada de nuestro mítico “hola Don Pepito, hola Don José”, y no se les caería ni un solo pelo del pecho, entre otras cosas porque están depilados. Qué pena más grande, y no solo por rasurados sino también por desletrados. Pocas esperanzas quedan para ellos.

3-. PROHIBIR EL LENGUAJE MANUAL.

                -Dedo pulgar hacia arriba y demás encogidos= vale, de acuerdo.

                -Dedo corazón hacia arriba y demás encogidos= váyase a la defecación más cercana.

                -Dedo índice y meñique hacia arriba y demás encogidos= me voy a un concierto de rock, o tu mujer es demasiado festiva y tú no lo sabes, pero si lo sabes te la trae al pairo, porque Rita no se llama pero así debieron bautizarla sus padres, que tú ya estás harto y que la aguante su tía.

                -Los cinco dedos con la mano abierta= algo que rima con cinco, pero también significa esperar; pero sobre todo rima con cinco.

                -Los cinco dedos uniendo sus yemas en un pellizco= pedir explicaciones insistiendo o reforzar una expresión en plena ofuscación, por ejemplo:

                               Eres tonto+ pellizco=eres imbécil.

                               Eres imbécil+ pellizco=todavía más imbécil, verbigracia, arrolladoramente lerdo, y así sucesivamente.

                -Los cinco dedos en puño y en alto=de dudoso buen gusto en la política.

                En fin, hay innumerables expresiones que se obtienen según la posición de los dedos y manos, pero no voy a perder más el tiempo en explicar este símil de comunicación carcelaria de nuestros mocetones en pro de la ignorancia. Donde estén las palabras bien dichas y por la boca, que se quiten las que salen de las demás partes y oquedades de nuestro cuerpo.

4-. PRESCINDIR DE EXPRESIONES HECHAS. Pero qué es eso de “te respeto, tío”, “qué fuerte, colega”, “sí o qué” o “me mola un huevo”. Escuchando tales locuciones es obvio que estamos  ante los pilares donde se asientan nuestros futuros desempleados. Un poco de cultura, señores, y sobre todo más lectura y menos botellón, más codos y menos caderas, más cabeza y menos… lo que sea, en pos de una buena lengua que nos represente como bastiones de la cultura, y no como bastones de los pastores que guían el rebaño de la incultura.(He de reconocerlo sin contemplaciones, soy absolutamente genial porque frases así me salen sin esfuerzo; represento la belleza y la sabiduría en una sola persona.)

5-. ACEPTAR LAS LIMITACIONES. El lenguaje es un vehículo de comunicación; eso es una verdad que todos conocen. Lo que ocurre es que para algunos, ese medio de locomoción es como un Talbot en el desguace por su absoluta incapacidad para hablar correctamente, y para otros como yo, un flamante Mercedes. Allá donde vaya, todos me admiran, y no solo por lo conjuntado que voy sino porque es abrir la boca y el manantial de mi maestría inunda de luz cualquier oscuridad. Pobres aquellos que no pueden evitar escupir al hablar, que mugen en lugar de musitar, que perforan tímpanos cuando peroran, que no saben comentar sino que se comen tal zurullo que nadie quiere relacionarse con ellos. En esos casos es mejor asentir calladitos; la mímica es lo más adecuado, que aunque no los hará más inteligentes, sí menos ridículos.

                Estoy seguro de que estas pautas que aconsejo en mi tutorial son muy prácticas, por lo menos a todos los que tienen un mínimo nivel de comprensión. Lo he hecho para mentes básicas ya que, si lo hubiera redactado en proporción a mi intelecto, solo unos pocos lo hubieran entendido. Ahora, cualquier mindundi de estos diría que se pulsárais repetidamente el emoticono del like; yo no porque ya sabéis que no estoy de acuerdo con el lenguaje manual, aunque, puestos a elegir, preferiría que lo usaseis para que yo no tenga que utilizar el del dedo corazón tieso.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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