74. TUTORIAL PARA SER UN DANDI SIN PARECER AFEMINADO.

                Buen día, compañeros. Soy Urbano y advierto, de manera solemne, la necesidad de compartir mis experimentados criterios a la hora de vestir, ya que observo una falta de compostura que sitúa al ser humano mucho más cerca del mandril que del alto eslabón en la evolución del mono. Con esto no quiero decir que no haya remedio sino que, gracias a ciertas dosis de generosidad por mi parte y a ingentes cantidades de plegarias por la de mis adoctrinados, quizás podamos enmendar este extravío a la elegancia gracias a mi TUTORIAL PARA SER UN DANDI SIN LLEGAR A PARECER AFEMINADO:

1-. LOS PAÑUELOS. Para mis más retrógrados alumnos que consideran tal prenda como único medio, junto con los puños, de secar su nariz de la continua materia verde que asola sus napias, les diré que esta tela, anudada adecuadamente al cuello y dejando entrever parte de la masculina melena del pecho, otorga la prestancia añadida al bienestar que tanto me caracteriza. También puede ser echado sobre los hombros en los días de frío como sustituto a la rebequita que los hombres no solemos llevar, sujetándolo con un pasador con forma de herradura o de caballo y sin dejar demasiado largos los cabos, eso sí, no nos vayan a confundir con una lagarterana o un turista en San Fermín. Lo cierto es que la belleza del pañuelo es innegable, como también sus múltiples usos, porque ¿quién se resiste, en los quejumbrosos estíos acalorados, a calárselo en la cabeza y sentirse bandolero, con ese porte masculino que tan atractivo me parece?, ¿quién no lo ha sacado alguna vez por la ventanilla del coche para apremiar a los demás conductores y llegar a tiempo a una boda, un infarto o a un apretón?. Y en los toros, esa varonil y entrañable fiesta, ¿quién no lo ha sacudido al aire en pos de un torero que se ha ganado a pulso y tortura orejas y rabo?. De antifaz, en bailes regionales, en el bolsillo trasero de un vaquero con su toque cool. No, no degrademos esta prenda a un simple moquero; quizás los socialmente inadaptados, pero nunca un entendido en arte como yo.

2-.LOS CINTURONES. Conocida de sobra es su utilidad; no voy a molestarme más. Tan solo algunas pautas en la elección del modelo. Pues bien, está empíricamente demostrado que aquellos cuyo contorno de barriga es cuatro veces mayor que el de su cabeza son poco estilosos, así que da igual; una simple guita les sentaría tan bien como mal. Yo no me acerco a tal visión, aunque reconozco que, sino cuatro, sí triplico la media, pero el resto de mis atributos compensan este desfase debido a la educación, a no poder decir no cuando me obsequian unas migas o un buen potaje. Lo cierto es que en esos casos, aparte de un adecuado material que ceda, hay que dar holgura pero con clase, con un bonito estampado de flores o discretas bananas, ya que un solo color acentúa un contorno orondo. Para los delgados, los cuadros escoceses son muy favorecedores, pero es necesario que el extremo del cinturón esté metalizado porque, como les suele sobrar, cuelga, y de lejos, sin metal y mal visto, parece otro tipo de colgajo. Resumiendo, este complemento es esencial para resaltar la modernidad y el buen gusto.

3-.EL PEINADO. No es necesario cantidad sino, por la cuenta que me trae, calidad, y no me refiero a escasez de pelo, que un poco sí que tengo, sino a la salud del mismo. Cada vez que visito a mi estilista, Manolo, para retocarme las puntas, me aconseja que dos veces por semana duerma con una mascarilla casera de huevo y aceite en la cabellera, protegida con un gorro de ducha. Y aunque al día siguiente huela a tortilla, el resultado es asombroso: los rizos de la nuca están hidratados, y brilla más la pelusa que la calva que corona la cabeza. Y de gomina nada; la grasa natural es el mejor fijador del mundo. Un poco levantadas las patillas, el que las tenga, y el resto estirado. Ya está. Garbo. Sublime. No se diga más.

4-. LOS ZAPATOS. Tengo calzas interiores; no me cuesta reconocerlo porque no soy bajo sino que me gusta andar más alto para ver antes y mejor. Aparte, el tacón debe medir un mínimo de cuatro centímetros para recalcar la robustez viril del hombretón rudo pero elegante y sensible a la vez. En verano, el enrejado es ideal, pues no solo refresca los pies sino que el sol penetra en la piel y nos colorea un bonito moreno a cuadros; eso sí, siempre depilados porque no queda bonito ver pelos sobresaliendo por los agujeros del zapato. En invierno un botín, siempre negro, que es sobrio y va bien con todo, aunque el pantalón que vistas sea un refinado butano con un jersey a tono; negro, pero, si se quiere, con adornos en oro viejo con forma de escudo o flor de lis, que en la mayoría de ocasiones da un refinado aire a quien sepa llevarlo.

5-.LOS GEMELOS. Telegrafiado: el-to-ro-de-Os-bor-ne.

RECOMENDACIONES GENERALES

Nada de chanclas ni bermudas, camisas con compostura y no chocantes, aunque reconozco que las hawaianas me pierden. Calcetines, si puede ser, siempre blancos, evitando que las rayas azules y rojas que tienen en el borde superior se vean cuando uno se siente. En caso de llevar ejecutivos, que sean tupidos; si no, tener las canillas rasuradas y aprovechar para perfilarse las cejas. Jersey de cuello alto prohibidos, no nos vayan a confundir con un marginal; tengamos el día en paz. En cuanto a la altura de los pantalones, sin llegar a las axilas, que es de catetos, sí deben rebasar el ombligo; así evitaremos que nuestros calzoncillos alcancen la libertad para ver mundo, como a  tantos jovenzuelos de brackets y acné les ocurre. En el tema del perfume un chorreón si es a granel, o dos gotas si de esencia se trata. No es que se escatime en el buen oler pero sí en el mejor bolsillo, cualidad digna de todo aquel que sea distinguido. Porque esto de ser un dandi no es una situación puntual sino un estado, un modo de vida, un savoir être (que significa “saber estar”, y lo traduzco para los que no sean tan dandis como yo), que te hace ser de una manera selecta que pocos alcanzan comprender. Entre los que atesoramos todas estas enseñanzas, es vernos y nos identificamos, nos entendemos, no sé si por el peinado o el cinturón, o quizás por el toro de Osborne, que es sagrado, tenga testículos o no. Porque entender es la identificación, y yo entiendo un rato.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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