66. CARTA A LOS REYES MAGOS SEGÚN FLORO

                 No entiendo por qué se espera a Navidad para pedir que se cumplan unos deseos que sabes que nunca van a llegar; para eso lo pido en cualquier momento del año, ¿no?. Pues eso. Lo que yo digo es que hay que ser más humilde y escuchar al pueblo, porque hacerte escribir una carta para luego traer lo que a ellos les dé la gana no es, porque yo, lo que dijo es que ya sé que son reyes y eso es muncho, pero creo que se les ha subido la corona a la cabeza con eso de ser de la realeza, y se creen que son muy importantes, cuando lo que tienen que hacer es repartir ilusión y alegría y no lo que les salga del forro, porque eso no es asín.

                Todavía me acuerdo del año pasado, que les pedí una novia y cuando abrí los regalos con mis amigos, lo que me habían traído eran cuatro entradas para el club “Los casquetes ligeros”. Asín que para no desaprovechar, que no fue otro el motivo, el Timoteo, el Gerardo, el Basilio y un servidor, fuimos al club, y la ehsperiencia no fue del todo satifastoria porque vimos que había unas chicas que bailaban encima de un tablao en unas condiciones lamentables porque se agarraban de unos puntales que aseguraban el techo. Pobres ellas, y con tan poca ropa; sería para no manchársela por no tener muda.  Pero con gran alegría puedo decir que los clientes del local tenían una gran sensibilidad por la situación laboral de esas bailarinas ya que, cuando se acercaban, les metían dinero en las bragas, seguramente con la intención de ayudar a la reparación del tejado, y las zagalas, que eran muy simpáticas y agradecidas, les hacían uno de esos bailes modernos, como el breiqdanz, que es muy bonito, y a todos se les veía muy contentos. Asín que nosotros cuatro quisimos cooperar en el arreglo de la azotea, pero nuestro donativo, no sé por qué, no fue bien recibido; yo, a una de las mozas, le metí, y con mucho respeto, dos eurazos en el biquini, pero la moneda resbaló como una hucha, topadentro, y la muchacha creo que se enfadó un poco porque ni un fandanguillo me bailó y me dijo algo que terminaba en  “…uta” o algo asín; y eso que yo fui el más desprendido porque mis amigos, de cincuenta céntimos no pasaron. Luego, un señor muy alto y bien alimentado porque era de hombro ancho, nos invitó a salir, yo creo que porque la barra que apuntalaba el techo era inestable, y nos desalojó por seguridad; lo raro es que solo nos fuimos nosotros. No sé.

Pues eso, que ni novia ni ná. Que yo, para este año, solo quiero salud, porque el dinero no me interesa, y el amor ya llegará; que no me voy a arriesgar a pedir novia, porque si a mí, el año pasado, ya os he contado lo que me ocurrió, también puedo decir que fui afortunado en comparación con mi amigo el Gerardo, que él también pidió a los Reyes Magos una compañera y recibió, como yo, otras cuatro entradas para un club al que nunca nos llevó, aunque lo cierto es que desde ese momento, se le veía raro, distinto; vimos que empezó a hacer pesas y que, más que afeitado, se le veía depilado. Luego nos enteramos de que el nombre del club era “El maromo del homo”.

                Cóño, nunca se sabe; el amor puede estar a la vuelta de la esquina, y nosotros sin saberlo. Madre mía, el Grego depilado; al menos, con él, los Reyes acertaron.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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