65. NO

               Soy un peón, hijo de un Dios menor, a quien unos pocos escuchan. Pertenezco a una generación que despacha a los bien nacidos, que miente con leyes impropias y alimenta a estirpes de idiotas. He nacido en un lugar lleno de sol y frío, de donde muchos se marchan por no tener abrigo, un pueblo al que sus protectores le han dejado desguarnecido, y donde todos cortan el bacalao menos el pescador, que es quien lo ha traído. Tengo a mal decir que lo que ocurre a mi alrededor es constante y se sucede en el tiempo, que no es un hecho aislado ver cómo medran los malos mientras, a la espera de calderilla, los buenos miran; observamos y vemos a una Nación que, con honra, puso tierra bajo nuestros pies al nacer dándonos Patria y nombre, y que ahora asiste a su funeral por no arrancar a tiempo la planta de la discordia que unos extraños de lazo amarillo cultivan en lo que creen sus campos. Me entristece ver cómo riegan ese terreno sin que nuestros dirigentes cierren el chorro de agua para evitar que la hierba crezca y se extienda; que si en el mapa no quieren ser el moño de la cara de España, que  coleta sean, no importa, pero siempre facciones de ese mismo rostro. Cómo no me voy a quejar si entre datos de micro y macroeconomía lo único que entiendo es que mi plato está vacío, o que tengo dos garbanzos y en la mesa somos cuatro; que hoy en día el esfuerzo es solo una cuarta parte, la otra cuarta influencias, y la mitad que queda dinero. Por qué no me va a doler ver que después de unas elecciones donde todos hablamos, unos pocos pero muy tontos ejercen su derecho al petardeo por no estar conformes con la voz del Pueblo, aunque el voto sea sagrado, tanto como la esperanza de sentir algún cambio. De qué manera tengo que ser para que no me afecte comprobar que, si meneas las caderas en la tele, te van a contratar para escribirte un libro y cuanto más te agaches para recoger las monedillas más se venderá, que el bufón de la corte baila mientras haya tajada. ¿Por qué no cuidar lo que tenemos, sanarlo con el mejor médico, ya seas diestro, siniestro, de centro o de extremas, si lo importante es el enfermo?. Está claro que cuando se destaca, la envidia, de tanto entrar a la habitación, tiene un sofá reservado; lo que no llego a entender es cómo todos formamos parte del espectáculo porque no hacemos nada para que el buhonero deje de humillarse o para que el que se cree rey cese de demandar payasadas. Qué grandes profesionales tenemos, cuánto ingenio y trabajo, arte, ciencia, cuánta alegría; qué orgullosos debiéramos estar de este extraordinario País, y qué poco lo engalanamos con tanto luto en política, con tantas bajas en las filas de la honradez y altas en la de las mentiras. Qué triste los especialistas que, aún en aulas, nunca llegarán a serlo, cuántos líderes sin ejércitos y huestes sin generales, cuántos genios sin pincel, tinta ni palabra, cuántas letras sin boca. Cuántas ausencias. Y luego están los que se sientan a juzgar, cual tertuliano de silicona en pecho, aquellos que si leen este artículo comentarán su “me aburro”, “qué chorrada más larga, no lo he terminado”, o “¿quién se creerá que es, la gilipollas que lo escribe?”, mientras legan a sus hijos su resignación, a la espera de que tengan suerte y alguien pague por verles el canalillo y puedan conformarse como ellos, con su pan y circo.

                No, la palabra es No; insumisión, resistencia, revolución. Que cambien las tornas y entre aire nuevo. Que la esperanza irrumpa en nuestra casa, desahucie a la envidia y se quede a vivir dentro. NO

ANA Mª GARCÍA YUSTE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s