56. LOS ENDROGUISTAS SEGÚN FLORO.

                Ola, soy el Floro. Hoy quiero hablar un tema que siempre me ha llamado la atención porque no lo entiendo. Como imaginarán, hay munchos temas que me llaman la atención, y no porque sea tonto sino porque he comprobado que, a medida que cumplo años, las neuronas se amarran unas a otras para que la alcantarilla de la edad no se las trague y deje desierto este cerebro de pueblo, que tiembla cuando tiene que procesar lo que ve. Coño, es que me supero; las metásforas son pa mí pan chupao. El Abelardo tiene razón; no es bueno leer tanto, “a ver si te se van a abrir los ojos y vas a ver lo que no tienes que ver”. Pues eso, que cuanto más viejo, menos entiendo al ente humano. Y todo esto va por el tema de hoy, las drogas, pero las malas, que no es que haya buenas pero, claro, depende de lo que se entienda por droga o por malo.

                Todos sabemos que malo es lo contrario de bueno, y que lo bueno si breve dos veces bueno, pero eso es mentira porque lo bueno es mejor que sea largo, que no tiene sentido que sea mejor poco que muncho, que el que haya inventado ese refrán seguro que había estado oliendo pegamento, que es una droga mala porque envicia, pero por otro lado es buena porque a mí, cuando me se rompe la correa del reloj, enseguida me lo arregla y se queda niquelao, y también une muy bien la tela y el cristal y etc, que viene en el prospesto y eso. Pues eso, está claro lo que es bueno o malo, asín que paso a la palabra droga, que dice el diccionario que es “sustancia que se utiliza con la intención de actuar sobre el sistema nervioso con el fin de potenciar el desarrollo físico o intelectual, de alterar el estado de ánimo o de experimentar nuevas sensaciones, y cuyo consumo reiterado puede crear dependencia o puede tener efectos secundarios indeseados”. Yo, aquí tengo que aclarar que no me entero de nada, empezando por eso del sistema, porque si lo tenemos nervioso o irritado es normal que lo intentemos tranquilizar de buena manera, digamos unas cañas, unas jarritas, y dejemos que se relaje; aquí, la cerveza cumple una noble misión, luego es droga buena, pero si después queremos beber más por agonías, esas copichuelas se convierten en mala compañía y el sistema se pone otra vez nervioso y se crea un círculo vicioso o pervertido de más cantidad de alcohol cuanto más nervios; aunque analizando la falta de “consumo reiterado” que se explica en el significado de “droga”, se puede decir que coger una buena castaña de vez en cuando tiene un nivel terapéutico indiscutible, que transforma las curdas en un remedio infalible contra el sistema nervioso.

                 En este punto quiero recordar que ya llevo dos drogas que son buenas o malas según su uso: el pegamento y el alcohol.

                Prosigo, y ahora con lo de “potenciar el desarrollo físico o intelectual”. La comadre de la Rosi, “la Chelo”, tiene un hijo, y ella quería que se hiciera bombero, pero el niño, con veintidós años, medía metro y medio, y aunque le echaba ganas con entrenamiento y dieta, no crecía ni en altura ni en cerebro; asín que, como no aprobaba, le dio la depresión y el médico le recetó medicamentos. Al principio se le veía igual, pero luego mejoró repentinamente; corría de un lado a otro y hablaba atropellado. Dice la madre que no dormía y pasaba las noches haciendo pesas mientras memorizaba el temario, hasta que un día le siguió y lo pilló comprando pastillas de colores. Asín que lo encerró con llave en la casa y esperó a que se le pasara el mono, que por el volumen de gritos que se escuchaba más bien parecía un orangután, y de nuevo lo llevó al médico; pero el chico se negó a tomar las medicinas por lo que el doctor se las recetó por vía rectal, y cada vez que había que ponerle un supositorio, que todos sabemos que es medicación, asín que también es droga pero blanda, sobre todo si lo tienes un rato en la mano, “la Chelo” nos llamaba a mí y al Pepón y entre los tres le encasquetábamos la banderilla y luego se quedaba frito. Poco después, en vista del percal, el niño aceptó abrir la boca para evitar la perforación anal, y mejoró. Lo cierto es que nadie le había preguntado al chico lo que quería ser: “electricista, mamá, quiero ser electricista”, y la madre tuvo que resignarse a regañadientes a que a su hijo se le siguiera conociendo  por “el bombero”, pero por poner bombillas y no por salvar vidas.

                Vuelvo a recordar que llevo ya cuatro drogas que, según sean utilizadas, son buenas o no: el pegamento, el alcohol, las pastis y la presión familiar.

                A todo esto, y siguiendo con mi esposición, me contaron que la Luisa, que es la maestra de preescolar y que es fea a rabiar pero todo el mundo la quiere por lo buena chica que es, pero por el mismo motivo no encuentra novio, pues eso, que parece que en la última verbena del pueblo encontró la paz consigo misma, porque desde esa noche su vida cambió. La cosa es que cada vez que iba a la barra del bar a por su tónica, el camarero regalaba por cada consumición un puñadito de hojas secas y le indicaba un poste junto a ella donde había un montón de papelitos de fumar. Ella observó, se lió el canuto y en la primera calada “potenció su desarrollo físico” sin dejar de bailar y agarrar por las solapas al que se dejara. Lo cierto es que esa sombra que le oscurecía la cara desapareció con una feliz sonrisa que daba gusto mirar, y su mote de “solterona”, cambió por el de “pendón”, porque se aficionó mucho al ejercicio en el pajar, y se tuvo que marchar de la guardería porque a las madres les desagradaba ese intenso perfume a campo que siempre llevaba, y ahora la buena chica que aún seguía siendo, ya no interesaba porque la veían feliz y encima los maridos la miraban.

                Ahora hago recuento de las drogas que, conforme a su uso, buenas o malas son: el pegamento, el alcohol, las pastis, la presión familiar, los porros, el sexo y el qué dirán.

                En el pueblo no hay munchas drogas pero sabemos todos donde andan las malas yuntas. En el molino de la rosaleda siempre había un grupito que trapicheaba. Uno de sus miembros era “el astranatua”, que no era mal chaval pero siempre andaba en las nubes, y como quería ser moderno se hizo amigo de los porrinos del pueblo, que no eran los catetos sino los del porro eterno, los fumaos, y eso le abrió la entrada triunfal a traficar mientras probaba el material para “experimentar nuevas sensaciones”. Y este desgraciado, que de pobre que nació no tenía nombre de pila sino de palangana, pasó de la moto casi a pilas que tenía a un cochazo de derrapar, rojo y ruidoso

 -¿Ves, Floro?-, me decía cuando le reñía-. Que yo controlo- y se creía superior con su codo en la ventanilla y diciéndome adiós con el brazo taladrado a pinchazos.

                En su último viaje, y no de motor, murió y apareció en un contenedor con una jeringuilla en la vena. No, no añadiré a mi listado la heroína; ésta siempre es mala, pero sí diré que, según se mire, bueno o malo, aparte del pegamento, el alcohol, las pastis, la presión familiar, los porros, el sexo y el qué dirán, también lo es el dinero, porque cuando tienes mucho quizás no lo valores, pero si te falta, buscarlo te puede matar.

               Pues yo, lo que tengo que decir es que en mi caso, nunca me falta pegamento, que la vida es muy cara y siempre es mejor reparar que comprar, y que no lo esnifo pero sí me lo como cuando me se hacen grumos en los dedos; que en mi nevera no me faltan tercios de cerveza que tomo a pares cuando estoy a gusto con los compadres, y que cuando estoy estreñido y el cinturón no me da para más, me zampo una pasti y abono el campo como las vacas, cagando como la que más. Que para mí, la presión familiar es no tener familia, pero si eso vale, presión es, y muncho, y que aunque no me guste fumar, una vez cayó un canuto y me afectó tanto que me desnudé y aluciné en pelotas en mitad de la plaza del mercado, asunto que cundió como la pólvora. Desde entonces estuve en boca de todos por tonto y por porrero, por lo que también puedo decir que sufro del qué dirán. Adolesco también  de los estragos del sexo, pero en estos menesteres no voy a entrar porque uno es un señor, aunque no tenga educación y me se olvide poner la “h” en “ola”, aunque en el “adiós” siempre pongo el acento  igual que en el respeto a las personas.

                Pues asín, a primera vista, parece que he catado un montón de drogas menos la del dinero, porque si el efecto secundario de todas es indeseado, el del dinero es desear más, y este endroguista que habla quiere seguir viendo cómo atardece con una cerveza helada en la mano y sentado sobre un viejo palé con los amigos al lado. A la mierda el dinero; es la peor de todas y la que te obliga a acercarte a las demás.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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