55. HOSTI, PEDRÍN

                Voz de hombre.

-Hola, ¿es la Policía?.

-Sí, dígame. ¿En qué puedo ayudarle?.

-Verá, es que me van a asaltar.

                Segundos callados.

-¿Y eso cómo lo sabe?.

-Porque allí al lado hay un hombre que me mira con mala cara.

-¿Con mala cara?. Pero…, a lo mejor es que es así.

-Que no, que no; que yo lo noto y me va a hacer algo.

                Silencio y chasquido de lengua.

-Pero…, si no le ha pasado nada, ¿para qué voy a mandarle una patrulla?.

-¿Y si me lo hace?. Que yo ya se lo he advertido.

-Pero… el…, pero ¿está usted en peligro?.

-¡Pues claro!; si se lo llevo diciendo un rato.

-No, no; usted me ha dicho que le miran raro.

-Sí, pero porque me van a asaltar.

                Silencio de nuevas.

-Vamos a ver, vamos a ver- voz resignada-. A ver si lo he entendido bien, que llama a la Policía porque hay un hombre que le mira raro y cree que le va a hacer algo.

-Ahí, sí señor.

-Vale. ¿Y…, y si es que el hombre no es que le mire raro sino que…, que es bizco, por poner un ejemplo?.

-Anda, pues…, espere que me acerco- segundos después-. Que no, que no es bizco.

-¿No será que es feo?.

-Feo un rato, pero me mira con cara de que me va a asaltar.

-¿Y por qué no se va?.

-Porque, en cuanto vea que me marcho, seguro que sale a correr detrás de mí y me coge.

-Mire usted, esto es una tontería y…

-Claro, claro, porque no se trata de usted, porque si lo fuera ya habría llegado una patrulla y lo tendría esposado.

-¿Esposado por delito de qué?.

-De allanamiento de mirada, vaya usted a saber, que yo soy fontanero y no sé de leyes. Pero le digo que como me haga algo o me mate,  le voy a contar a todo el mundo que no hace bien su trabajo.

                Gruñidos de fondo.

-Mire, en este momento puede haber alguien que nos necesite de verdad, así que…

-¿Con eso quiere decir, que yo me he inventado que me van a asaltar?- se escuchan suspiros-. Pero hombre, ¿qué le cuesta echarme una mano?, que yo cuando arreglo alguna tubería, aunque no me lo digan, también miro ni hay algún atasco.

-¿Tuberías?. Tuberías, pues sí que… Que mire, váyase a otro lado y verá cómo le deja de mirar.

-Como si fuera tan fácil. Si lo hago, a lo mejor me saca un cuchillo.

-En ese caso nos vuelve a llamar.

-Sí, pero si con una mano me sujeto la hemorragia y con la otra intento que no me mate, ¿con qué marco yo el teléfono?.

-Eso es verdad. Bueno, alguien pasará.

-¿Y si no?.

                En el mutismo se escucha sonido de papeles.

-A ver, un momento que ojee el manual- susurra para sí:”si está vivo responda sí; en caso contrario no responda nada…”-. ¿Oiga?, que no, que no puedo hacer nada.

-Entonces, ¿qué hago?, ¿espero a que me maten o algo?.

-Claro, en ese caso yo le envío corriendo una patrulla.

-Ah, bueno, es usted un profesional, pero un poco zángano, no se ofenda.

-Cuidadito con lo que dice, que le mando a la Policía, ¿eh?.

-No se ponga así, señor agente, que no es necesario. No busquemos orzuelos donde ojos no existen. A la autoridad solo se acude en caso necesario.

                El otro masculla contrariado.

-Bueno, quizás me haya pasado. Es que llevo toda la noche de guardia y no he dormido nada.

-No, si yo eso lo entiendo. Claro, ¿cómo no lo voy a entender?. Estará usted deseando irse a casa con su mujer.

-No, porque estoy divorciado.

-¿No me diga?, ¿y qué pasó?.

-Pues mire, que la mecha se apagó y era muy controladora y…, no sé, que las cosas se acaban y claro…, mi suegra también…

-¡Uf!, si le hablara de la mía. Con decirle que su hija, mi mujer, la llama “ la esfintéitor”.

-¡No me diga!; así será.

-Si yo le contara, porque, hombre, uno tiene que tener paciencia pero….

-Claro; uno tiene su corazoncito.

– Eso es, y es humano y aguanta hasta que estalla.

-Eso mismo me pasó a mí, que ya no pude más y solté lo que no tenía que soltar. Porque yo…, yo soy muy sensible, ¿sabe?.

-No lo dudo, no lo dudo. Siga, desahóguese conmigo, que no es bueno guardarse las cosas para uno mismo.

-Es que…, es que aún la echo de menos.

-Suéltelo, suéltelo.

-Me cuesta…

                Más silencio. Sonido de limpieza de mocos y llanto solapado.

-¿Usted qué está, en la Comisaría central?.

-Sí- acalla un hipido.

-Pues ahora mismo voy, que no tardo.

-Es usted tan bueno conmigo…

-Nada, nada, que voy para allá y me cuenta.

-Pero, ¿y el hombre que le mira mal?.

-¿Eh?. Ah, sí , ése. Pues que espere.

ANA Mª GARCÍA YUSTE.

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