51. TUTORIAL PARA EVITAR MOLESTIAS EN LA PLAYA SEGÚN URBANO

            Buen día, compañeros, soy Urbano. Es reconfortante vivir el agosto en una ciudad donde todos sus domingueros habitantes parecer ser abducidos, arrancados de sus mediocres vidas y lanzados a las arenas de la playa como gladiadores, armados con fiambreras, cervezas y sombrillas, y peleándose como porteras por un trozo de suelo como si fueran a edificar allí sus chaletes en una minúscula parcela repleta de conchas y orina. Qué tranquilidad siento en medio de este placentero silencio, de calles casi vacías, de establecimientos frescos y solitarios donde puedo examinar los artículos más selectos sin ser molestado. Pero ocurre que lo bueno vuela pero lo malo se arrastra y llegó septiembre, trayendo de vuelta a estos palurdos de adocenada existencia a los que las vacaciones les llena la panza a la vez que les vacía aún más el cerebro. Pitidos de coches, olores espesos, gente, más gente; insoportable. De esta manera decidí viajar unos días para aspirar todo el aire marino que mis pulmones pudieran acaparar para poder aguantar el hedor de la capital; y es ahí donde aprendí estos útiles consejos que paso a explicar en mi tutorial:

CINCO MANERAS DE EVITAR SER MOLESTADO EN LA PLAYA:

1-.LA CASSETTE. Que conste que para andar acorde a la evolución de los tiempos poseo un discman, pero para medir el calibre de un horteras, la música en cassette es la más adecuada, sobre todo la adquirida en charcuterías y tiendas de souvenirs. ¿Quién puede negar que un “la chatunga sí, la chatunga no” bien alto, o “¡qué pasa contigo tío, conmigo qué va a pasar!” cantado por un barítono de anís añejo, no posea ese halo ancestral de máxima chabacanería que, a primeras, levante culto a sus seguidores, pero luego ellos mismos lo eviten para que la piara playera no advierta la vulgaridad de su gusto musical?. Después, para rematar el ardid, podemos subir el volumen y poner los grandes éxitos de El príncipe de Triana, pasando por los hit parade de El Duque Cantaor y demás aristocracia de aguardentoso vozarrón, hasta llegar a La Tabernera Poligonera, momento en el que, con absoluta seguridad, algún espontáneo, en su lucha interna por reprimirse, pierda y se tire a la arena a bailar, con lo cual, ante la presión social, se vea obligado a abandonar el lugar al hacerse públicos sus orígenes garbanceros. Uno menos. Poco a poco las pequeñas escaramuzas harán  que ganes la guerra.

2-.EL PLÁTANO . Toda playa que se precie posee un número adecuado de mirones, como funcionarios de puesto fijo, cuya cantidad varía en función de múltiples factores. En las comerciales, las más grandes, los moscones abundan, digamos dos o tres cada diez metros cuadrados. En arenas menos extensas, estos cotillas de culo ajeno tienen una presencia menor y, debido a la posibilidad de ser fácilmente descubiertos, se amparan tras unas gafas de sol panorámicas que les permiten otear el horizonte de pezones y ombligos sin un solo movimiento de cuello. En las calitas, que es donde yo suelo aparcar mi toalla de Rafalín Laurencio, el tema se complica porque, a mayor dificultad de acceso más oportunidades hay de nudismo, con lo que estos calentorros tienen acotado en poco espacio su agosto perfecto. A fuerza de observar, comprobé que a la gente le incomodaba tener a su lado a un fisgón salido, pero la mayoría lo obviaba y nada más; sin embargo, cuando ese elemento cachondo exteriorizaba la alegría de su cuerpo estrechando la holgura de su bañador, los bañistas se marchaban. Así que he me aquí pertrechado, en busca de soledad, con un plátano que solo utilizo en contadas ocasiones porque la naturaleza a veces sigue su proceso, y desde luego no porque yo sea un voyeur atento a las chicas monas acompañadas de morenazos musculados, brillantes de aceite, mojados y húmedos por las olas. Y como estos fibrosos chicarrones notaban que yo era persona de noble porte y no un viejo verde comiéndose un plátano como si fuera a desaparecer esa fruta, se marchaban y objetivo cumplido; la cala solo para mí.

3-.LOS BRILLOS. Es cierto que, incluso a la hora de tomar un baño, es importante guardar la compostura en el vestir. El que tiene clase lo comprende; es algo inmanente a nuestra persona, y de lo que no nos podemos desprender porque el estilo fluye en nosotros como la sangre por las venas. Pero no miento si digo que hay veces en las que es necesario sacrificar una parte bonita para preservar la belleza del todo. Es por eso que las camisetas con líneas refractarias, gorras de viseras refulgentes, gafas de espejo, interminables envueltas de papel aluminio en los bocadillos y purpurinas en el bañador, que por otro lado de dan un toque juvenil, son tan imprescindibles en una jornada playera que, gracias a la ceguera que producen, crean un halo a nuestro alrededor que nadie se atreve a cruzar.

4-.CONTRIBUCIÓN A LAS RÁFAGAS MARINAS. No voy a esmerarme demasiado en este apartado porque mi educación se ha visto afectada y mi sensibilidad aún resiente la embestida. Pero por otro lado, cuando junto a tu sombrilla un horteras de cubata baila con el calzón colgón un chunda-chunda insoportable, y de la castaña que lleva se cae en la arena y las gomillas sueltas de su bañador ceden, dando libertad al gusano en su Mato Grosso, reconozco que siento la misma satisfacción que debió tener el Conde de Montecristo cuando se fugó: fue abrir la boca y de la bomba de dispersión que formaron mis gases de coliflor, tónicas y alubias, hice un cráter en la orilla que me dejó ensimismado en mi soledad, casi adormilado. Qué gran experiencia. Unos cuantos menos.

5-.LAS UÑAS. Yo siempre tengo hecha la manicura y pedicura, pero a medida que se acerca el verano, Manolo, mi esteticien, me pregunta el por qué de no cortarse las uñas de los pies. Y es que las dejo tan largas que, a milímetro cada día de playa, da para casi todo el mes la ardua labor de cortarlas, trocito a trocito, apuntando fino al vecino de esterilla con una puntería que si afinas y das justo en el blanco, llámese ojos, oreja o morros, se adquiere al instante un tono bronceado, colorado amapola, que evita al ejemplar de al lado prolongar su exposición al sol, causando su inmediata retirada.

                Mi intelecto es inabarcable; ciento, digo miles, de otros medios se me ocurren para conseguir el noble fin de disfrutar de nuestras encantadoras playas sin que las moscas sobrevuelen la tortilla de patatas, aunque no miento si digo que lo mejor es no comer. A veces, pasar hambre es el mejor alimento; aunque la barriga suene, el silencio se escucha en el alma, y la mía necesita mucha paz, tranquilidad para soportar el tormento de ver cómo los moscardones se lanzan contra las boñigas.

ESTADÍSTICAS

1-.LA CASSETTE. Logré que se marcharán quince, pero atraje a dieciséis que compartieron conmigo su Tchaikovsky lolailo, incluyendo baile sin tablao.

2-.EL PLÁTANO. Conseguí que se fueran dos familias de tres miembros cada una pero llegaron diez individuos con enormes miembros, atraídos por mi plátano.

3-.LOS BRILLOS. Se fueron ocho pero la policía me investigó por la alarma que causó en dos buques que intentaron descifrar el código Morse de mis señales luminosas.

4-. RÁFAGAS MARINAS. No lo había pensado pero el enemigo contraatacó con un arsenal mayor que el mío, y lanzado por orificios que no sabía que existían.

5-. LAS UÑAS. Aquí no hay mucho que decir; simplemente me partieron la boca.

CONCLUSIÓN

                Este tutorial no sirve para nada. Si quieres ir a la playa mejor comparte tu tortilla, o si no quédate en casa.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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