48. LA DICTADURA DE LA CHULERÍA

              No suelo responder estímulos que parten del insulto, porque soy de difícil encuentro. Tampoco me interesan las trifulcas, ni públicas ni privadas, ni el “tú más”, ni el “ya verás quién soy yo”, ni el “mía será la última palabra”, porque es pisar un terreno abonado por el orgullo roto o la baja estima. Pero hay ocasiones en las que ciertos parámetros intocables se manosean y hay que actuar. Ésta es una de ellas; paso a relatar.

                La semana pasada publiqué el post nº 47, titulado Maricón de playa, con una extraordinaria aceptación en los 37 grupos literarios a los que pertenezco, salvo algún que otro graciosillo de turno. No era demasiado difícil entender el trasfondo del escrito, que no era sino proclamar la igualdad y defender la base de cualquier relación de pareja, que es el amor entre las PERSONAS, ya sean homosexuales o heterosexuales. Lean bien lo que a continuación transcribo de manera literal:

Si son adultos, hagan ustedes lo que quieran con su culo, con sus demás huecos hagan lo que quieran, con su culo, con sus demás huecos, hagan lo que quieran, lo que les exijo  es que no sean objeto sexual de su deseo pervertido los niños,  apártense de ellos. Otra cosa no digan que tienen el derecho de adoptar niños, no es su derecho. La adopción es un derecho de los niños.”

Es muy difícil para mí encontrar la manera más adecuada de exteriorizar la ebullición de impresiones que sentí cuando, en un Grupo de miles de seguidores como es El Librero de Guttenberg, alguien con total soltura expresara públicamente la equiparación entre un homosexual y un pederasta. Aquí la libertad de expresión se torna ofensa, no solo porque la pederastia sea un delito sino porque es sabido por todos que cualquier pederasta es un canalla; luego para este elemento, docto en nada, todo homosexual es un delincuente canalla (lo de la adopción lo paso como mera anécdota porque al menos ha escrito la palabra con “p” y sin “h”). El administrador del Grupo tuvo a bien llamarle la atención y, tras dos comentarios, no tan pintorescos pero también contundentes, debió acongojarse y eliminó del Grupo a ese primer vástago de neandertal, y lo curioso es que también a mí, no sin antes obsequiarme con propinillas tales como “homófoba”, “doble moral” y chucherías varias. Reitero que normalmente no respondo comentarios, y que en el post 47 el único que contesté fue el concerniente al permiso que me solicitaron para divulgar el texto en otra publicación, solicitud a la que accedí con agrado.

                Pero ahora, como detesto la indiferencia, voy a entrar al trapo y a quedarme, si quiero, y a limpiar algunas miserias con ese paño que normalmente se limpia en privado pero al desacreditar públicamente a una persona evita tal posibilidad, y emplearlo para defender un derecho que es el de respetar y ser respetado, base para poder disfrutar otros como el derecho a la libertad de expresión.

                Como es costumbre mía dar la cara, mando un escrito al mencionado Grupo para que su administrador lo publique ante todos sus miembros:

“D. ———: puedo pasar por alto trivialidades tales como llamar homófobo a alguien, aunque sea querellable por calumnia. También puedo obviar la limitación, no solo de mi derecho a la libertad de expresión sino también el de miles de lectores que ejercían con sus comentarios su derecho a opinar, crítica o elogio, que ambos forman parte de esa libertad, sobre el último post que publiqué. Del mismo modo puedo rozar superficialmente el insulto, gratuito e innecesario, de tacharme de doble moral, sobre todo cuando públicamente preguntaba quién había autorizado su publicación, sabiendo que fue usted quien lo hizo. Pero, señor mío, lo que no voy a dejar pasar es que, incumpliendo las reglas que exige para formar parte del este grupo, no se autoexpulse al vulnerar varias de ellas. Nunca cuestione la moralidad, los derechos y el respeto que cualquier persona merece, y sobre todo, no se esconda detrás de las impecables normas del grupo que usted, con su actitud, vacía de contenido. Atentamente Ana Mª García Yuste, autora del blog “el abrigo de púas”.”

            Obviamente este administrador no solo no lo publicó sino que, aprovechando la intimidad del” tú a tú sin que nadie me vea” responde, también literalmente,  lo siguiente:

Doña Ana María, sepa ud que a mi me vale un severendo pepino sus cacareos, este Grupo lo dirijo yo y así mantengo fuera gente retrógrada, doble moral y puritana como ud mi doña Ana María, sepa Ud que la Libertad de expresión Ud la pierde cuando se adueña de una verdad, cuando cree que sú mundo gira alrededor de sus arcaicas ideas, pues le cuento que para mí va a ser otra satisfacción sacar a alguien contaminante y asfixiante como Un, no me deseo buen día porque me cayó muy mal su atrevimiento y osadía, así que hasta munca doña Ana María..

                Sin sobrepasar la línea tan delicada que hay entre la libertad de expresión y el “te insulto porque me sale del forro de la cojonera”, reflexiono acerca de las adecuadas y correctas normas de admisión en el Grupo y llego a la conclusión de que con su particular arrogancia, ha estirado de tal forma esas reglas a capricho propio que ahora se les vienen todas encima como un latigazo a su soberbia. Y no se debe llevar las manos a la cabeza  ni a ninguna otra parte oscura de su cuerpo, porque aquellos que sobreponen sus propios intereses a los de los demás, donde el que crea la ley debe predicar con su ejemplo y no lo hace, no está capacitado para ser administrador, que “si quieres saber quién es Pedrito dale un carguito”, aunque éste se lo haya irrogado únicamente él, cual soberano de una república bananera en su dictadura de chulería, en un cometido que le viene muy grande.

                Pero no quiero apartarme de lo que verdaderamente es importante, de la crítica social, que es el fundamento de cualquiera de mis escritos, porque hay mucho tonto suelto al que se debe atar. Lean ahora:

“El primer discriminador es ese escrito al usar palabras como gay, homosexual, diferente, depredador, enorme no ayude a esa comunidad tan lista y brillante que no necesita escritoras tan pobres”.

         Según este eslabón perdido dentro de la línea directa del cromañón, cuyo comentario es discriminador en sí mismo, deberíamos aceptar la tesis de que los heterosexuales, como yo misma, somos tontos y apagados porque no formamos parte de esa “comunidad tan lista y brillante”  como es la comunidad de…, de…, (¿de hobbits, de regantes, de artes marciales, la comunidad de mi bloque?) cuando, independientemente del círculo al pertenezcas por elección propia, hay términos que van por encima de cualquier tendencia y que son el sustento mismo de toda relación humana, conceptos globales como AMOR, en este caso, pero también alegría, ineptitud, belleza, pasión, emoción, odio o cualquier otra particularidad del sentimiento de una persona que nada tiene que ver con la temática de su congregación.

              A veces pienso que el surrealismo se ha apoderado del mundo, que hay mucho cerebro sin neurona que apadrinar porque su limitación es tan incontrolable como una humedad en el techo. TODOS somos iguales, brillantes, tontos, listos o apagados; que el amor es un valor universal, que es sagrado en todas sus dimensiones, que nunca formaré parte de un pensamiento tribal que para mí no es adecuado porque está acomodado en el sí porque sí. Siempre defenderé lo que me apetezca defender, y esto que ahora respaldo es la libertad en base al respeto, desde una individualidad que exijo sea respetada, haciendo frente con la palabra a todo aquel que quiera vejarla porque tengo derecho a hacerlo y quiero, y porque esta libertad de decisión también afecta a ideologías, políticas, religiones y cualquier otro tema en el que un nuevo Pedrito te puede señalar con el dedo, apuntar  y disparar su ignorancia.

                A aquel que bajo la impunidad del “esconde la mano” después de hacer con el dedo una peseta me insulta, le digo que en todos mis escritos denuncio todo aquello que forma parte de la moral añeja que entorpece la evolución del tiempo, y que concretamente sobre este tema de la homofobia gané un primer premio de crítica social por una novela en la que el protagonista le dedicaría con gusto un par de palabras porque es listo, aunque apagado, y homosexual.

                Vivir en libertad sin hacer daño a nadie es un valor primordial en mi vida, y así se lo hago saber a mi hijo desde que era pequeño; él nunca soltará risitas cuando vea a dos mujeres o a dos hombres cogidos de la mano, como tampoco lo hace al ver una pareja heterosexual, porque vive según las enseñanzas de sus padres; vive en base al respeto. (Con respecto al comentario de “escritora tan pobre” también lo voy a pasar como mera anécdota porque este buen hombre, ¿qué sabrá de mis finanzas?).

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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