44. ESCRIBE UNA HISTORIA PARA MÍ, SIMÓN

          Saludos a todos. Soy Simón. Lo que es la vida. Los que me reconocen por la calle porque me han visto en Las Noticias por la operación “totos pa´tós” me preguntan si la revista sigue en venta, que en el mercado negro los ejemplares han revalorizado su precio y que por qué no escribo más. La verdad es que la idea no me desagradaba, aunque la experiencia con los anteriores promotores de la revista fue un tanto inquietante pero ¿por qué no intentarlo?. Así que tiré de la modelo de la foto  de “El coñón del colorado”  (post  nº 38)  y como cogí amistad con ella me puso en contacto con una antigua diva del porno a la que llamaban “La cochina”, no sé muy bien por qué pero prefiero no imaginarlo, y quedé con ella en su casa. Vivía en un adosado de dos plantas en las afueras de la ciudad, en un barrio de buen nombre que no la quería de vecina por su mala reputación, según ella después me contó. Había tantos colores, tantas formas y rincones en aquel lugar que cuando entrabas allí te transportabas a un espacio intemporal de sinuosas estelas de inciensos, lujosos jarrones orientales con flores secas y un agradable tono anaranjado que provenía de las cortinas que mecían lentamente el aire, rompiendo las líneas que ascendían del humo.

                Mientras oía cómo la dueña taconeaba despacio, bajando las escaleras, me acerqué a la chimenea y observé asombrado un molde abierto como un libro, mostrando el hueco vacío de una enorme figura de pene erecto.

-Era de mi marido- dijo ella, afectada tras de mí, y me mostró un asiento.

-Ah- llegué a decir, y me dejé caer sobre una butaca junto al sillón donde ella se acopló.

-¿Café?- yo asentí y ella tocó una campanita dorada con un suave tintineo.

                Al instante una mujer, vestida como un impecable mayordomo de mediados del siglo pasado, con el pelo alisado con gomina simulando ser hombre pero con rojos labios carmín, entró en la estancia lentamente y dejó sobre la mesa una bandeja con todo ya preparado. Igual de silenciosa se marchó.

-Creo que necesita financiación para un proyecto- agregó mientras me servía una taza.

-Así es. Supongo que sabrá lo de la revista.

                La mujer afirmó; tomó su vaso y se acopló en el respaldo. Luego se encendió un cigarro y dejó que la observara. Sus ojos impresionaban, con un verde tan limpio que sobrecogía mirarlos, y su pelo, recogido en un minucioso moño con mechones descuidados, era de color rubio, casi decolorado, en contrate con sus cejas negras. Creo que tendría unos setenta años aunque intentara aparentar menos con el excesivo maquillaje que llevaba, pero su cuello la delataba. Y aunque sus uñas fueran perfectas, no imagino que la pintura pudiera ocultar todas las arrugas de la quebradiza piel de sus manos. Era delgada y elegante en sus ademanes y me dio la impresión de que se recreaba en cómo la miraba.

-He leído su historia y me ha enganchado- aspiró lentamente el humo.

-Me alegra oírlo- aduje halagado-. ¿Y quién le gusta más, Freddy o Elma?.

-No es esa historia a la que me refiero sino a la suya- me miró fijamente.- ¿Cortador de jamones?, ¿probador de fajas de adelgazamiento?, ¿estriper?. La verdad, no me lo imagino con un tanga, aunque supongo  que…- calló y sonrió-… el paro obliga.

                Su tono me molestaba.

-Por supuesto- agregué categórico y solemne-. Tengo una familia a la que mantener y haría cualquier cosa por ella.

-¿Cualquier cosa?, ¿está seguro?- y rió divertida, desabrochándose los botones de su camisa.

                Sabía que me estaba probando.

-Escribo porno, pero no lo practico- le dije incómodo-. Cualquier cosa no es todo.

                Ella continuó soltándose los botones, contemplando mi aparente serenidad. Aserió el rostro clavada en mí y se abrió de par en par la camisa mostrando un top rosa que la cubría del todo.

-¿Hace calor aquí, ¿verdad?- se aireó divertida su prenda desabrochada.

                Sorbí despacio mi café y fingí que no me afectaba su descaro. Continué.

-Me gustaría abrir mi propia revista y seguir escribiendo pero necesito financiación y…

-Eso que usted escribe es un bodrio. Estoy segura de que podría hacerlo mucho mejor, pero- jugó con el collar de su cuello-, cuénteme más sobre usted.

                ¿Por qué me provocaba?, ¿acaso era una de las condiciones que me imponía para prestarme su dinero?. Mi mujer me diría que me marchara, pero yo no soporto verla tan agotada, cargando sola los kilos del mocho de limpiar escaleras y las toneladas de mi desempleo.

-Mi vida no es tan apasionante como ha debido ser la suya, pero si insiste- me encogí de hombros-. Tengo dos hijos y mi mujer se llama Paloma. Como sabe, yo estoy en el paro y mi mujer se dedica a la limpieza; con su sueldo tiramos para adelante. Antes tenía una vida normal- ella me miraba fumando con tranquilidad-. Los fines de semana íbamos al campo y los niños corrían, y cuando llegábamos a casa cocinábamos tartas o magdalenas y luego nos las comíamos con chocolate caliente- sentí una profunda tristeza-, y cuando se acostaban, Paloma y yo soñábamos con una casita en un pueblo y…, y ahora el máximo sueño que tengo es poder llegar a mitad de mes sin que a mis hijos les falte nada- callé, la ojeé impávida y sentí el calor de la adrenalina-. ¡Y sí!, haría cualquier cosa por mi familia. ¿Quiere saber algo más o ya es suficiente?.

                La mujer se pellizcó los labios y apagó su cigarro. Se abotonó de nuevo la camisa y representó un escalofrío.

-Ahora quiero contarle yo la mía. Por eso he accedido a que venga, no a oír tonterías sobre los calentones de esa revistilla barata donde usted habla de su Freddy y compañía- irguió su cuerpo hacia mí y se acercó-. Quiero que escriba sobre mi vida. Es mucho más apasionante de lo que se cree.

-¿Una biografía?. Pero- no entendía-, ¿no dice que escribo bodrios?.

-Así es- se levantó y miró por el ventanal-, pero no lo hará cuando escriba sobre mí.

                Había algo en esa mujer que rechazaba y me atraía a la vez. Parecía estar débil pero era prepotente y orgullosa; segura, pero esa vista de frente retadora era huidiza cuando no la miraba. Debió ser atractiva pues aún mantenía cierta gracia en el rostro, y esa cadencia elegante con la que hablaba y actuaba a veces le fallaba si tenía que estornudar. No sé bien cuál era mi verdadero lugar allí pero el trabajo que me encomendaba me seducía cada vez más.

-¿Está de acuerdo con lo que le propongo?- vio cómo asentí  con la cabeza-. Pues contratado está.

Querido diario: tengo que hablar con Paloma y decirle que, no sé bien por qué, pero he aceptado el encargo que me ha propuesto y no solo por dinero. Hay algo en esta mujer que me desalma.

Continuará en el siguiente post.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s