43. EL CHALENJÉ (RETOS) SEGÚN FLORO

          Ola, soy el Floro. Ya me han dicho varias veces que mis defectillos al hablar se pueden solucionar leyendo, y yo, lo que quiero decir es que leo muncho y de todo, y no solo cantidad sino calidad, que lo he leído, fíjate tú, en la oferta de plátanos del colmao de la Susi, y de paso me he comprado tres cuartos de kilo porque tenían muy buena cara y no estaban mal de precio. Pues eso, que de mi parte pongo esfuerzo en prosperar dialeticamente hablando; otra cosa es que lo consiga, pero ganas no me faltan y, la verdad, creo que salvo algún despiste lo consigo. Incluso puedo decir que me veo tan curto que hasta he escrito una historieta que, por abreviar ( P.ABREV.), empieza asin:

                “A la Nieves le gustaba pasear y por eso andaba muncho. Correteaba porque sí, sin más, porque quería y le agradaba caminar, y por eso lo hacía. Iba ya venía, recorriendo numerosos sitios, y cuando se cansaba, descansaba… “.

Pues eso, creo que es más difícil escribir abreviando (P.ABREV.), que lo otro. En fin, que lo que quiero decir es que yo tengo muncha  imaginación y que soy capaz de inventarme cualquier historia aunque la escriba mal, y como ella lo sabe me ha cogido otra vez en gayumbos y he caído en sus trampas con otro reto, que ahora se dice chalenjé, que es lo mismo que un desafío pero dicho en fino y moderno, y que consiste en escribir un relato utilizando seis palabras que ella va a escoger en una redacsión que no sea corta y contando algo “entretenido e interesante”. Esta última apostilla (APOST.) de “entretenido e interesante” sobra, pues siempre me he tenido, P.ABREV, como alguien sumamente encandilante, un seductor total. Seis palabras que son:  PELOTA, SANDÍA, FRÍO, PEPE, MARÍA y RÍO.

                Pues ahí va, que me como este chalenjé y cualquier otro que me den, y con munchas ganas:

                La MARÍA era muy simpática y tenía amigos por cualquier lado. El PEPE era uno de ellos, con el que mejor se llevaba. Se conocían desde hacía años, cuando iban al colegio juntos todos los días cruzando el RÍO de la aldea a través del campo. Los fines de semana jugaban a la PELOTA porque a él  le gustaba muncho el fútbol, y luego iban a la huerta del Dioni, que estaba muy mayor, y le ayudaban en las faenas para ganarse una SANDÍA de propina que después de sumergirla un rato en el cauce de agua FRÍA se comía, ya fresquita. Los años iban pasando y su amistad se mantenía, aunque a veces notaran que algo entre ellos iban cambiando sin saberlo explicar. Y es que cuando iban a las tierras del Dioni, PEPE no dejaba de mirar babeando las SANDÍAS que tenía MARÍA, ni ella de comprobar que las PELOTAS de PEPE le interesaban cada día más sin apenas gustarle el fútbol. Luego se bañaban para calmar la calentura del verano y él, RÍO que te RÍO, cuando ella le contaba que el FRÍO del agua le causaba calambres en los dedos de los pies mientras él sentía otro  tipo de calambre más arriba, justo en la taleguilla. Un día, después de ayudar al Dioni, MARÍA se atragantó con una pepita, asín que el PEPE corrió a ayudarle como vio un día en la tele, cuando descansaba entreteniéndose con sus pelotas de la faena del yunque, que es a lo que se dedicaba, y en la maniobra de desatragantación surgió de repente, no solo la semilla que MARÍA escupió como arriero lanzando lapos descosío, sino también un amor tan profundo que ninguna leyenda, ni siquiera de las de averigua cuándo, A.C., superó. Desde ese día no se separaron; la MARÍA dejaba que el PEPE se comiera sus SANDÍAS mientras ella aprendió a tocarle las PELOTAS cogiéndole gusto a eso de golear.

                Asín pasaron los años, felices y FRÍOS cuando era invierno, hasta que una mañana el PEPE se resfrió, y una semana más tarde murió dejando a la MARÍA sin ganas de vivir, ni siquiera de comer SANDÍA; él se llevó su alegría y sus PELOTAS. Un mes más después, el nieto del Dioni encontró el cuerpo de la MARÍA flotando en  el FRÍO RÍO; ella le echaba tanto de menos que se quitó la vida bañándose sin haber hecho la digestión de dos horas después de un atracón de SANDÍA. Cuando fueron a su casa se encontró una nota que decía: “Mi PEPE se ha ido y me ha dejado todo partido en dos. Esta raja que siento en mi cuerpo nadie la puede rellenar como él. Me voy con mi PEPE”.

                Cuando el tiempo pasó, en invierno con muncho FRÍO, había quien decía que cuando el RÍO iba lleno parecía susurrar el nombre de los dos. Junto al cauce, algunas pepitas que MARÍA escupió elegantemente cuando comía SANDÍAS, germinaron llenándose todo de carnosas y grandes pelotas oscuras como las que  el PEPE tenía”.

                ¿Lo he hecho o no?. ¿Chalenjés a mí?. ¡Ja!. Quiero más. Que no se diga que ganas no le pongo.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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