38. LA INDUSTRIA DEL PORNO II SEGÚN SIMÓN

          (Continuación del post anterior)… Cuando llegué a casa le enseñé fotos a Paloma y no paró de girarlas en busca de algún concierto en aquel desorden de posturas que indicara cuál era la derecha de la izquierda o el debajo de arriba, y como no lo conseguía cogió una lupa y empezó a indagar.

-Mira, Simón- le cedió la lente- ,¿has visto que ella lo tiene todo rojo e irritado?.

Pie de foro:”El coñón del colorado”.

-¿Y ésta?- prosiguió ella-. Menuda tranca tiene siendo tan pequeño.

Pie de foto:”El gran Joudinidor”.

-¿A ver?. Déjame ésta a mí- le quité las instantáneas a Paloma, que ya se secaba las lágrimas con los puños.

Pie:”Los caballeros las prefieren guarras, “Duro de pelársela”,Mary Pollins” o “El chichi prodigioso”.

                Y así hasta doce fotografías que consiguieron que pasáramos una tarde de chiste con dolor en el mentón de carcajear, sobre todo cuando al escribir la presentación de la publicación Paloma preguntó el título y oyó el “TOTOS PA´TÓS” con el que los dueños del emporio de las persianas y ahora de esta elegante revista la bautizaron.

-Putamá, tío; los comentarios de fotos y la editorial putamá- me felicitaba mi amigo sacándose de la cartera un billete de cincuenta euros que me dio.

-Pero si ya me has pagado- contesté, cada vez más amoscado e intrigado con mi propia honradez pese a la necesidad.

-Sí, tío, pero lo haces de puta madre- me replicaba sin mirar, ojeando papeles-. Sigue, sigue la historia.

                Al fondo, y llamo al fondo dos metros más allá, Blas volvió a hacerme el O.K. con el pulgar y rió, algo así como entusiasmado, y como cándido que soy pensé que la alegría venía de gustarle su trabajo aunque luego un respiro en mi resfriado me dejara percibir el olor al canuto que se fumaba.

                “A Elma le gustaba que los hombres olieran a sudor, a sucio; eso la excitaba. Y Freddy tenía un aroma espeso, casi denso, que la puso muy brutota. Le agarró de su gigantesco falo y se lo llevó a la orilla de un pequeño lago. Le soltó la minga y cogió dos puñados de barro, restregándoselo despacio por las domingas, mirándole con expresión traviesa.

                Freddy iba muy empitonado.

-No siga así, señorita, que si sigue frotándose las tetas va a salir fuego de este palo y provocar un incendio entre mis piernas.

-Pues quíteme rápido este lodo, que no quiero esperar a que se seque para que se haga polvo;¡lo quiero ya!.

                Freddy la cogió en brazos y la empotró contra el tronco de un chopo; la penetró con brusquedad y a ella se le clavó en la espalda una rama.

-¡Ay!- se quejó, a medias encantada-. ¡Que se me ha pinchado algo!.

-Algo no, ¡toda esta carne!-, resopló él, orgulloso de su hazaña….”

 

-Joder, mira que es malo. ¿Toda esta carne?.

-Tú ponlo- insistió Paloma-. Además- prosiguió despacito-, a mí me pone…

                Después de media hora continuaron el escrito.

“-¡Me he hecho una raja!- gritaba Elma, extasiada con el placer , aunque dañada por el tallo.

-¡La que ya tenía y yo he agrandado!- y embistió con fuerza.

-Creo que es una vara- Elma apretó el culo contra ella.

-¿Qué vara?. ¡Un tronco, señorita!, ¡un leño de treinta centímetros!…”

-¡Pon cuarenta, papá, cuarenta!.

-Calla, niño.

 

“-Pero me hace daño y no sé si me gusta demasiado…

-¡Sufra, sufra!…”.

                Cuando Paloma llegaba de trabajar a casa siempre me pedía que le leyera los trajines entre Elma y Freddy, relajándose entretenida con la historia calentorra que tanto la hacía reír. Luego inventábamos juntos alguna escena y, más que un trabajo, escribir este relato porno era un regalo. Tan cansada de limpiar, oliendo a lejía y detergentes y llevando el pelo a greñas era tan hermosa, pero con una sonrisa en la boca…., ay, Paloma.

                Así pasaron cinco meses, yo con mi nominita, que “ita” pero nómina es, y algún que otro obsequio añadido, propinas por contar cómo Elma se abría de piernas y tener la boca cerrada por ver a toda la morralla que entraba y salía del local y con los que negociaban. Joder, qué pintas; ni Freddy disfrazado de yonki daría más miedo. Había uno que parecía que llevaba coletas, con su pelo a lo afro y la raya en el centro. Olía a gasolina y alcohol; a Elma le hubiera encantado. Y lo curioso es que cuando presenciaba algún reportaje de fotos eróticas de la pareja, era al hombre a quien miraba mientras mi amigo, el de los toldos, sonreía, Blas se colocaba y el otro socio le anotaba el teléfono del actor porno y, después de un guiño se lo daba. Mi papel allí era no tener más papel que el de la historia de fluidos y achuchones que entregaba semanalmente y redacciones diversas. Porque estaba claro; todo aquello era una tapadera, pero mientras el frasco se cerrara y yo cobrara lo demás debería darme igual. Sin embargo no era así. Quien se rodea de estiércol a mierda huele, y había mucha allí. Yo evitaba cualquier contacto con esta gente y me iba librando con mis atajos del camino a donde ellos me querían guiar con obsequios e invitaciones por cuenta de la casa, que no era “vale por una caña” sino por esa misma última palabra pero cambiando las vocales por dos “o”; o por unos polvos blancos distintos a los trajines de mi “Freddy se la cruje”, que Blas solía utilizar con demasiada frecuencia. Esta chusma me intimidaba, sobre todo cuando no hablaba y solo me miraban; entregaba mi trabajo y me iba, y cuando llegaba a casa Paloma algo notaba hasta que se lo tuve que contar. Ella no tuvo que insistir demasiado para que lo dejara porque, por ese entonces, la policía hizo su labor con el trabajo al que llamaron “operación totos pa´tós”, con siete detenidos por blanqueo de dinero y este servidor que habla libre después de muchos mareos. Qué pena; con lo bien que me lo pasaba. Estoy descubriendo que hay trabajos que nunca se te han pasado por la cabeza hacer pero que te reportan más felicidad que cualquier otro para el que siempre te has preparado. Y más pena es saber que por más cutre que fuera la revista, cada vez se pedían más ejemplares de “totos pa´tós”, y, con la publicidad de la actuación policial, la tirada final se disparó. La última vez que salí de la comisaría, el guardia de la puerta me susurró mirando con disimulo a cada lado:

-Oiga, ¿Elma se queda con Freddy o al final se fuga con el negro?.

Querido diario: De todas las películas porno que he visto POR AZAR, de todos los comics de adultos o publicaciones eróticas que POR ACCIDENTE han caído en mis manos, solo puedo decir que lo que más me ha excitado y aún me excita absolutamente son las palabras que mi mujer musita a mi oído cada vez que me dice “te quiero”.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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