37. LA INDUSTRIA DEL PORNO SEGÚN SIMÓN

          Saludos a todos. Soy Simón. Hace dos semanas se pasó por mi casa un amigo de mi vecino para hablar conmigo porque sabía que no se me daba mal escribir, y me comentó que buscaba alguien como yo para que le ayudara en un trabajo de redacción. A mí, la verdad, es que mientras me pagaran me daba igual, así que le dejé hablar. Me explicó que entre él y su socio en el mundo de las persianas querían crear una revista aprovechando las relaciones que éste último tenía dentro del ámbito del entretenimiento, que nada tenía que ver con saltar la comba en el recreo sino con pasatiempos menos inocentes que entendí cuando me enseñó la tarjeta vip que tenía para varios locales de alterne. Y como uno no es tonto y aunque no sepa coser, hilar se me da muy bien, conecté “revista” con “entretenimiento” y así fue: un semanario porno.

-Hombre, Simón- insistía a mis reticencias -, que sé que te ha ido bien en lo del baile erótico y conoces este ambiente-, recordé mi metralleta de Rambo con cierta añoranza-. Venga, tío; si sabes poner cachondo al personal escribiendo igual que mueves el culo bailando nos forramos.

                ¿Por qué no?. Parecía un trabajo fácil. Solo tenía que inventar una historia guarrilla para sacar por capítulos semanales y hacer comentarios al pie de foto de las pechugas y butifarras que enseñaran los modelos. Ése era mi cometido, el del socio la publicidad y distribución del producto, el de mi amigo algunas tareas básicas de redacción y sobre todo la fotografía, que decía que había montado para su negocio un reportaje monográfico sobre estores y toldillas que le había salido, según él, “putamá”; también había otro, Blas, que se dedicaría a maquetar  y preparar cada folio para la imprenta y demás cuestiones. Y yo iba a cobrar; pues adelante.

                Lo primero el título. Después de “No sin mi picha”, “Rabocop”, “Minganápolis” o “Empotra a Petra”, opté por “FREDDY SE LA CRUJE”.

                “Las farolas apenas daban luz; un vaho inundaba aquel camino apartado del parque. Hacía frío. Una mujer de pechos redondos y pezón erizado andaba lentamente, delatando cada paso suyo un ardor sudoroso en su cuerpo. Jadeaba  mientras sus piernas tardías se frotaban entre sí y en su boca asomaba una lengua en busca de algo que lamer. Estaba excitada…”.

                Es malillo, pero va.

                “… De repente, un movimiento entre la bruma la detuvo. Era un hombre; al verla se transformó solo en MACHO. Se acercó a ella cuando, a su lado, la arrancó del sendero lanzándola contra el suelo.

-Mire-, le dijo, enseñándole el colosal miembro que ella tanto ansiaba-. Cójalo, es suyo-, y le desabrochó la falda, apretándole el pubis.

-¿Cómo se llama?-, preguntó ella, asiendo con ambas manos el aparato, dejándose acariciar la entrepierna.

 -Llámeme Freddy, y a ésta-, señaló hacia abajo-, llámela como quiera pero cómasela…”.

                Pensé que para ser el primer escrito porno que hacía no era tan malo, pero ante la duda me pasé por el local que alquilaron, algo así como un trastero de diez metros cuadrados, y se lo di a leer a mi amigo.

-Hostia, tío, que no puedo- contestó apurado, preparando el objetivo de la cámara-. Los actores porno están al llegar y fíjate cómo está todavía el escenario- eso que llamaba escenario   era una esquina con un sofá de plástico rojo con los bordes salvados con pegatinas de los gormiti y cuatro guirnaldas de Navidad haciendo  brillos-. Dáselo a Blas. ¡Oye Blas, léete eso, que éste no sabe si sirve o no!.

-¡Vale!- no sé por qué hablaban tan alto siendo aquello minúsculo-. Hola, tío; dámelo.

                Y mientras se encendía un cigarro ojeando el folio llegó la pareja para las fotos, ella potente pero él enclenque. Una vez desnudos comenzaron las poses, no demasiado explícitas todavía.

-¡Tío!- exclamó Blas, con el pulgar hacia arriba-. De puta madre; me he puesto cachondo, pero hazlo más largo- me lo devolvió y prosiguió su trabajo.

-Pon cara de guarra- y el clic de las fotos no paraba de sonar-. Ahora más fuerte. Venga, maromo, ¡levanten armas!- y aquel esmirriado de pito mediano empezó a toquetearse sin lograr su objetivo- Oye, rubia, ayúdale tú- insistía, pero ni por esas.

-Es que… he dormido mal y con los nervios…-se excusaba el actor sin saber yo dónde mirar.

                De repente el fotógrafo, harto de esperar, me arrancó el folio de mi escrito y se lo dio.

-Léete esto. A Blas le ha gustado.

                Viendo cómo aquella minga enana extendía cuatro palmos su tamaño empecé a pensar el pedazo de escritor porno que era hasta que, ojeando lo que se veía, comprobé que me faltaba algo básico para ello: imaginación. Jamás sospeché que fueran posibles las posturas que presencié. Cuando se lo dije a Paloma no se lo creía. Lo intentamos, pero un chasquido en el cuello y varios calambres, sobre todo en los gemelos, no nos dejaron. Y “aquello”, por ahí, la verdad, no llegaba.

                “… Ante tal invitación Elma se sintió de nuevo niña. Recordó esos pasteles que tanto le gustaba restregarse para endulzar la lengua de algún curioso. Tomó la verga y la succionó con energía. Freddy gimió, le tiró del cabello y gritó de placer. Movió hacia atrás la cadera y la lanzó al suelo de nuevo abriéndole las piernas.

-Tenga usted cuidado, señorita, que tengo empinado el nabo y no quiero que sufra de vértigo.

-Pues agárrese aquí- ella le puso las manos en sus pechos-, y métamela, que ahí no se mareará…”.

-¡Papá!- mi hijo Juanito-. ¡Que llegamos tarde al cole!.

-¡Qué!- contesté, mirando en mi muñeca un reloj que no tenía-. ¡Vamos!.

                Mientras conducía hacia la escuela de mis hijos esta historia de medio pelo, entera de mala, me seguía atrapando, y en cada paso de peatones Freddy, o en cada semáforo Elma, surgían prolongando un encuentro que a mí ya me iba provocando la risa.

                “.Freddy sonrió y puso cara de malote. A Elma le gustó sentir una embestida. Ojeó sus velludos pezones y los pellizcó, tirándole de los pelos. Él se quejó y arremetió más fuerte contra ella.

-¡Más fuerte, Freddy, que ya llega!.

-¡Toma!,- ¡toma tomatá!…”.

-¿Tomatá?- extrañó el gesto Paloma-. Simón, eso no lo dice nadie. Yo más bien diría: ¡toma caña de lomo!, o algo así.

-Es que caña de lomo lo veo muy basto- respondí a mi mujer-. ¿Y si le pongo ¡toma maroma!?.

                Pensativa, arrugó los ojos y luego respondió que sí.

“-¡Toma maroma!, ¡toda esta carne para ti!.

                Y tras los espasmos de ella llegaron los de él, con un ¡tomaaaaaaa…! infinito que Elma alargó al apretarle con fuerza los testículos.

-¡Más, más!- gritaba Freddy hasta que se derrumbó junto a ella, sudoroso y agotado. Pero ella todavía quería más.

                Le succionó con tanta fuerza la lengua que él volvió a sentir excitación notando palpitar de nuevo su masculinidad. Dura otra vez volvería a la carga. Ella seguro que se lo agradecería”.

                Con unas cuantas fotos de relleno, la letra grande y algún comentario obsceno ya tenía la primera entrega.

                De nuevo en el local-

-De puta madre, tío-, contestaba Blas a la lectura-. Voy empalmado del todo.

-Putamá, tío-, afirmaba mi amigo entregándome unas fotos-. Ahora coméntalas con un par de líneas y luego hablamos de nuestra revista un poco, como una especie de editorial. Ya sabes, autopublicidad.

-Vale, mejor lo hago en casa; aquí me cuesta concentrarme…-  aduje, sin notar convicción en ninguno de los dos hasta que añadí-…, tío- sonreí y ellos me apoyaron con un ok en la mano.

“Querido diario: esto va más o menos bien. La historia que escribo me entretiene, Paloma se divierte y encima me pagan una pequeña nómina fija más incentivos, y la verdad, me parece excesivo el dinero, sobre todo porque son muy cortos los escritos y apenas trabajo. Además, estos tres, a primera vista, parecen unos pobres diablos, unos pelagatos, hasta que llega la hora de pagar y sueltan billetes igual que tacos. Prefiero ser bien pensado aunque nunca me ha gustado mentirme a mí mismo. La necesidad es mala consejera pero aguza el ingenio, y aunque no hago nada incorrecto, cada vez que veo con quienes se relacionan estos mindundis, se me erizan las canillas, pienso en cómo Freddy se la cruje y me evado un poco.

Continuará…

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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