33. LA FELICIDAD DE LOS ESPAÑOLES SEGÚN SIMÓN

          Saludos a todos. Soy Simón. Me siento más animado y estoy seguro de que en mi mejoría tiene mucho que ver las numerosas ofertas que aún recibo para animar el cotarro con mis exaltados estriptis. Algunos, más que ofertas parecen casi súplicas porque el organizador dice que aquel encargo (post nº 24) llegó a oídos lejos y todos preguntaban por mí y la metralleta de Rambo, pero Paloma es la dueña de mi tanguilla y lo quiere para ella sola, y yo me dejo; sus propinas me encantan. Ahora intento tomarme con menos gravedad lo que de por sí  ya es serio; estoy en un momento de paréntesis en la agonía del paro donde veo que la solución no aparecerá desesperando. Quiero descansar un poco sin sentir culpabilidad del descanso. Mi mujer dice que lo necesito, que estoy en constante tensión, que esa energía mal encauzada solo me puede llevar a una depresión. Callo y le hago caso porque la quiero, pero tanto ella como y sabemos que ya hace tiempo que me hundo en las aguas del pantano.

                Hoy hace mucho frío. Me siento en el brasero con un café y leo; es un periódico  gratuito. Paso las hojas sin interés hasta que encuentro un titular que llama mi atención: “ ¿por qué los españoles somos más felices que los nórdicos o los orientales?”. Tras unos segundos en blanco en los que llegué a pensar que no era español y me apiadaba de los suecos y los japoneses, empecé la lectura. Según el primer rastreo, todo el artículo giraba en torno a las excelencias del sol; más luz, más alegría, más ganas de salir a pasear, con lo que conocemos a más gente y se amplían nuestras amistades aumentando los beneficios sicológicos que eso implica, y nos reímos porque hay mucho sol y nos ponemos morenitos con los amiguetes y luego nos vamos de copas a las terrazas al aire libre, que allí hay más resplandor. Y venga a reír, venga a reír, que la Península Ibérica es muy soleada y da ganas de reír, y todos saben lo importante que es eso para el cuerpo. Es bueno para el corazón y prevenir sus enfermedades, que los españoles lo tienen mejor porque siempre se están descojonando como yo, cada vez que veo mi cuenta corriente. Lo que no consigo es relajar la tensión muscular en la mandíbula, que la aprieto cada vez más, sobre todo cuando veo al del quiosco de chucherías vendiendo tabaco de contrabando a espuertas mientras el del estanco quiebra.

                También leo que reírse rebaja la presión arterial. No sé si arterialmente estaré o no rebajado, aunque con certeza afirmo que la presión, a secas, va a tope. Ignoro si con chistes se podrá reducir; quizás oyendo a políticos en plena campaña electoral… Pero yo estoy bronceadito, y este sol de aquí me hace más feliz, y me dejo tostar con sus rayos y me siento especialmente jovial, más contento que un nórdico o un oriental, que lo dice este periódico, aunque la tasa de desempleo en Suecia sea de 6.5%, la de Japón un 2.8% y la de mi España en pleno colocón de felicidad de un  16.4%. Y los miro con pena, pobrecillos, tan blancos ellos, peregrinando con su billetera llena hacia nuestro país en busca de que este sol de aquí les haga reír y se partan el culo a risas, como yo, cuando pienso que mis hijos tendrán que emigrar, quizás a Japón o Suecia para encontrar allí un empleo.

                Esto es muy entretenido, la verdad. Me relleno el café, doy un sorbo y me atrevo a seguir leyendo. Llego a una parte del artículo donde dice que tenemos una gran imaginación e ingenio para resolver problemas. Y reflexiono sobre ello y llego a la misma conclusión y es que, diga lo que diga, sigue incidiendo en el tema de las risas. Será para quemar calorías, porque dicen que reír adelgaza, aunque cada vez vea más orondas barrigas; será la curva de la felicidad soleada. Y es raro porque en nuestra envidiada dieta mediterránea cada vez abundan más los restaurantes chinos, se come sushi o se cocina en wok en vez de hacerlo en las sartenes de toda la vida. Imaginación, ingenio; pues claro, ¿cómo llegar sino a fin de mes con quinientos euros?.

Cada vez va a mejor este asunto porque paso al siguiente párrafo, que asegura que decimos muchos tacos para liberar tensión y mantener el equilibrio. Voy a probar: estoy hasta los cojones de todos los gilipollas que hay en el mundo, que son todos unos cabrones y me cago en tó. Pues…, no; a mí no me ha funcionado. Sigo con el mismo desequilibrio tensional. A lo mejor si me pongo al sol… No, tampoco. Además, hace frio; regreso al brasero. Terminando la columna del periódico entraré en calor. Según sigue diciendo, tenemos ilusión y ganas de contarlo todo. En este momento ya cojo el clínex y me seco las lágrimas de la risa. Es que me mondo, me descojono. Como vea a un sueco o a un japonés se lo voy a decir aunque sea en mímica: que mire usted, que tengo una gran ilusión en contarle que estoy en el paro, que tengo dos hijos que mantener y que el futuro es negro, pero soy feliz porque me da mucho el sol, suelto palabrotas y tengo una enorme imaginación. Y me seco más las lágrimas, aunque ya dudo de que las haya causado la risa.

                Termino el café y me arropo. Miro el retrato de Paloma; sonrío. Verla me relaja. Qué cantidad de tonterías he leído. La felicidad, la risa, el ingenio o la imaginación nada tienen que ver con la nacionalidad. Que un oriental o un nórdico rían menos no les hace infelices sino serios; que un español ría le hace risueño, no más feliz. Yo nací en España y estoy orgulloso de ello. Como el arroz en paella pero también me gusta el sushi; me encanta el sol aunque no suelo estar moreno, y en los días nublados me río y lloro igual que en los soleados. Sería estupendo conocer Japón; mi mujer lo preferiría en lugar de que yo conociera a las suecas. Y en cuanto a la felicidad, ¿de qué patria es el sol?.

Querido diario: “¡a tomar por culo!, ¡mierda, coño!, ¡que se jodan todos los acipotados que no me han dado un puto trabajo!”. Pues…, sí, ahora sí estoy más liberado, y todo gracias a este artículo, que ahora anda en manos de Juanito y Manolín transformado en un barquito. Lo meten en el agua, se tuerce y luego se hunde.  Y es que tanto pego en tan poco papel pesa lo suyo. No sé si decirles que lo pongan al sol. No; este barquito no debe ser español, sino flotaría en las aguas de las risas de mis hijos. Definitivamente, querido diario, la felicidad no está en un mapa sino en el corazón.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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