31. EL ABRIGO DE PÚAS

                No llevo demasiado en esto de exponer mis escritos en el blog; de hecho no sé cómo, conociendo mi pudor, he sido capaz de hacerlo. Entiendo que alguien que haya leído algunos de mis trabajos como “el blanqueamiento anal según Floro” o “curso de masturbación según el batallón” piense que no tiene lógica lo que digo, pero lo cierto es que soy una tímida en constante proceso de integración. Y es que a la hora de escribir tengo una libertad que nunca tendré en los demás aspectos de mi vida. Como consecuencia de este privilegio creé mi “abrigo de púas”, como un reducto donde no hablar solo para mí, donde poder monologar exponiéndome al diálogo de ser leída. Es un lugar para el hedonismo y el delicioso absurdo de Urbano, desatinado e intransigente como a veces yo; para la sencillez de cuerpo y sofisticación de alma de mi Floro, elaborado e ingenuo a la vez, y para el desaliento y la ilusión de Simón, en esa lucha interna como la que puede tener cualquiera. No hay nada más que esto; ni nada menos. Dinero tampoco; ni un solo céntimo gano, porque además no lo he buscado. Contraté un plan en WordPress que impidiera la publicidad; no hay montante de likes que me paguen, ni un número determinado de seguidores o suscriptores, que por cierto apenas tengo. En realidad no sé cómo se puede ganar dinero con esto. Aquí hay un espacio privado que abro porque así lo he decidido. Digo lo que quiero y disfruto plenamente, como un cerdo en su fangal, por la licencia que me ha permitido tratar algunas cuestiones a través de la boca de mis tres personajes, haciéndoles interactuar, pelearse, insultarse y hasta respetarse; contando verdades y mentiras, hablando de amor, de descrotos, de paro y homosexualidad, de miedos y alegrías con tres voces, aunque solo sea a través de mis ojos. Miro lo que me rodea y lo quiero contar; no me suele gustar lo que veo. Constantemente percibo desencanto, ideas que no van más allá, soledad, estadísticas, fingimiento, un  codazo que te dan, y cuando ya casi no puedes más llueve, y ese olor a tierra mojada me despierta, humedeciendo el lodazal para que sigan jugando los cerdos y yo continúe escribiendo cómo se embarran mientras me siento feliz como un niño saltando sobre un charco sin botas. Es tan sencillo, tan gratificante; por uno o dos que lo lean valió la pena enfangarse. Ése es el motivo de este blog.

                Los miércoles publico y luego suelo divulgar parte del post en algunos grupos de Facebook con la idea de redirigirlos a mi espacio para que lean el resto de publicaciones que tengo. La idea no ha parido niño, más bien lo ha cagado porque imagino que piensan que saco dinero a cambio. Pero nada más lejos; es solo un ingenuo invento de una ignorante en marketing como yo. Pero lo entiendo; poco hay gratis en este mundo, y si lo hay desconfías, que yo también. Es tan penoso; en tan escasa existencia casi nada regalamos, y cuando nos quieren obsequiar no nos fiamos. Éste donde escribo es mi refugio, una fortificación donde ando en pelotas y descalza y marco el camino por donde quiero pasar, donde entra solo quien yo quiero y lo enseño al que quiera mirar; es una especie de trinchera donde aguardo cañonazos, o al menos balas, pero por mucho que insisto en la guerra dando cancha con temas tan surrealistas como los que Urbano trata nadie se lanza a pelear. Me niego a agacharme y que se me vea la raja del culo para conseguir likes, y mi no es rotundo si de todos los tejidos a escoger solo debo tocar una de sus fibras, la sensiblera y de publicidad barata, para ser más leída. Mido cada palabra que publico, desde naide hasta exacerbación, y todos y cada uno de los post que salen de mis manos son el resultado de la interesante tarea de crear. Pienso que formo parte  de ese grupo al que suelen referirse con nomenclaturas diversas tales como intimista, de autor o minoritario, que no es o somos sino una pandilla de felices marginales, primaveras eternos, que nos chupamos los dedos con lo que hacemos y que somos conscientes de que, solo de vez en cuando, en lugar del ladrido del perro solitario o el croar de la rana, escucharemos un aplauso.

                Busco lectores que no se avergüencen en leer “coño” en lugar de “cáspita”, o “peras” en lugar de “senos”, o los que no se asombren si escribo sobre los derechos y digo luego que todos son mentiras, o los que se ríen con Urbano o lloran con Simón y los que no tildan de analfabeto a Floro. Busco a los que para llevarse las manos a la cabeza, escandalizados por leer “masturbación”, dejan de hacer lo que hacen y se suben la bragueta; y a los que no les afecta también, porque todos son fuente de inspiración. Cualquier tema me fascina, me atrae con la curiosidad de un lego con afán de saber. Me emociona callar y observar porque desde ese silencio percibo la realidad a mi manera, y como nunca acabo de alcanzar ninguna verdad absoluta, sigo mirando y espero. Puede que alguna vez la encuentre; mientras tanto persistiré en su búsqueda observando. Es ahí donde más cómoda me encuentro.

                Así surgió “El abrigo de púas”, con clavos hacia fuera o hacia dentro según el momento;  una especie de guarida donde apostarme para pillar a la presa y luego exponerla clavando los aguijones de mi abrigo en cada una de sus miserias; ahí van los pinchos al exterior. Pero cuando trato algunos temas que me afectan de manera especial, es a mí a quien pinchan las espinas con sus puntas hacia dentro y el abrigo se cierra; paso a otra cuestión y el aire se renueva. Es tan sencillo, tan gratificante. Por uno o dos que lo lean valió la pena enfangarse, pero no os engaño; si son más, mejor, que si son miles el barro resbala antes. Ése es el motivo de este blog.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

2 comentarios en “31. EL ABRIGO DE PÚAS

  1. A mi también me emociona callar y observar… y escuchar incluso, imaginando tu voz leyendo tus reflexiones sobre este mundo humano tan desconectado del resto del planeta. Pocas veces consigo vencer la comodidad de mi observatorio, sentado tras la pantalla de mi portátil. Y hoy lo hago porque llevo días leyéndote, porque me gusta mucho como escribes y los temas sobre los que escribes y también. Lo hago porque todos necesitamos en alguna ocasión que alguien nos diga que lo que hacemos, lo que escribimos con tanto esfuerzo, sirve de algo, vale la pena, reconforta o conmueve a quien lo lee.
    Gracias por escribir. Un abrazo.

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    1. Es curioso que cuando realizo alguna actividad, el tiempo siempre está presente; sin embargo, con la escritura parece que desaparece haciendo algo que básicamente me gusta a mí, aunque con la esperanza de gustar también a los demás. Por eso comprenderás mi sincero agradecimiento a tus atentas palabras. Gracias.

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