30. TUTORIAL PARA ENAMORAR A UNA DAMA SEGÚN URBANO

          Buen Día, compañeros. Soy Urbano y si lo común en mí es entrar al trapo, hoy solo le diré a Don Floro que es tonto del culo lo tenga o no aclarado. Y con respecto a Don Simón, después de leer detenidamente sus últimas letras, solo puedo añadir algo: tiene todo mi respeto, Don Simón.

                Hoy vengo cargado de sugerencias con respecto a un tema en el que siempre me he visto desenvuelto. Por lo general así me suelo ver en casi todo, de mediocres es la falta de humildad, pero en este tema debo considerarme casi profesional. Y lo comprenderán:

“CINCO MANERAS DE ENAMORAR A UNA DAMA SIN LLEGAR A SER LIBERTINO”.

1.- ESCOGER BIEN EL OBJETIVO.

                No todas valen y para decidirlo es fundamental un somero de diálogo de algún tema ligero. Es ahí donde podemos detectar lo que más nos interesa: que tenga buen corazón. Por eso, cuanto más charlemos más notaremos si puede ser la futura señora de este Don, evitando innecesarias vulgaridades como si tiene la piel tersa, bonita su sonrisa, labios carnosos, carnosos y húmedos, con buenos pechos y anchas caderas que se contonean al andar, y si se deja acercar para rozarle el cuello y lamerle el lóbulo de la oreja mientras le abres la raja de su falda escocesa y…, y hablar sobre cosas triviales, para ver cuál es su carácter y si es o no educada y si tiene tema de conversación. Escucharla, a fin de cuentas ése es el secreto; que se crea que oímos lo que dice aunque solo suelte chorradas porque hay que respetarla siempre que sea de buen interior. Y en cuanto al físico debe relegarse a un segundo plano pero sin quitarle su justa importancia. Por ejemplo, las bajitas no; no sé por qué pero suelen tener demasiado agudo su tono de voz y suenan muy ordinarias. Y las gruesas tampoco porque he descubierto  la relación entre el aumento del diámetro de sus barrigas con una disminución del raciocinio a la hora de comer, con lo que el gasto en la factura de un restaurante es doble, que todo hay que mirarlo. Tengo que decir que tiendo  a desconfiar de las morenas tanto como de las castañas y pelirrojas, no por el color de su pelo en sí sino porque esos tres tonos endurecen sus facciones y las hacen varoniles, y a mí por ahora eso no me va, y no es que quiera decir que en otro momento sí sino que no y ya está, que no tengo que dar explicaciones porque nadie me las pedido y ya está, que después todo se malinterpreta. Una vez aclarado este punto sigo insistiendo en que lo fundamental está en la belleza de su corazón, que si es alta, delgada y rubia es lo de menos porque es la dulzura de su carácter lo que me importa.

2.- INVITARLA A CENAR Y LUEGO A BAILAR.

                Una señora dispuesta dice sí a una buena invitación de un hombre que le agrade. Y digo dispuesta no porque con una comida gratis sea más fácil luego encerarte con ella la calva,  que eso es muy de mujer de cascos ligeros o, llámese también puta, perdonen mi brusquedad, sino que está dispuesta a pasar contigo una velada adorable a la luz de las velas y música ambiental. Ese contexto es ideal para hablarle de sus ojos (aprovecho para añadir al listado de las excluidas del punto número uno a las bizcas también porque no sabes si te miran o te vacilan) y decirles que estás cegado por la luz que desprenden y que son como dos faros en la inmensa oscuridad de la soledad que sentías antes de conocerla, o su perfil, que se lo ha debido tallar un artista en pleno brote de genialidad (no olvidar sumar a la anterior lista las mujeres de frente ancha, que ya es malo si es por calvas pero si se trata de que, por difícil que sea de creer, albergan mayor cerebro que el tuyo, el problema pasa de tibio a torrado). Resumiendo, que en ese romanticismo que lo envuelve todo puedes soltarles cualquier ñoñería que todas se las creen. Y luego a menearse a ritmo de pasodoble, que eso las vuelve locas, y llevas tú la batuta al bailar, que a ellas les gusta que tú mandes. En el fondo son tan básicas que despiertan mi ternura.

3.- RESPETARLAS.

                Cuando concluye la fiesta es obligado acompañar a la dama a su domicilio. Cualquier desalmado instaría en ese momento a pasar a su alcoba para culminar la noche, pero alguien como yo, versado en la sensibilidad femenina, sabe que intentarlo es una fechoría  si quieres llevarla al altar. Para eso están las otras. Tú deja a la señorita en casa, la besas caballerosamente en la mano diciéndole que mañana la llamarás, y esperas a que cierre la puerta. Luego arrancas el motor y te vas a desahogar con las de pagar, y da igual que sea bizca o con la frente ancha; como si es una esquimal. Eso es el respeto en estado puro. La mujer lo merece.

4.- HACERLE REGALOS.

No se trata de invertir mucho dinero en ellas. Nada de joyas ostentosas ni piedras de exposición. La bisutería fina es una buena solución; es elegante, sofisticada y sobre todo barata. Y no es que ellas no merezcan algo costoso ni que yo sea roñoso, nada de eso; es por tener bien claro que la relación es por ti, no por tus regalos, que en esto del enamoramiento hay que tener cuidado, que abundan lagartas sueltas en busca de presa y yo soy un romántico y no quiero que ninguna fulana me rompa el corazón (añadir a la lista de excepciones las de hombros pequeños porque he notado que casi todas tienen mala leche y se enfadan por cualquier cosa). Por otro lado, yo también valoro que ellas sean detallistas porque, aunque es cosa de hombres la elección de su futura esposa, también lo es que ella debe esforzarse en ser elegida y agradar, que no todas se casan, que cuando pasan de los treinta son ya solteronas con dificultades para procrear y nadie las va a mirar, que por un simple obsequio de vez en cuando puede que algún hombre se fije en ellas. A mí personalmente me gusta la sorpresa, ese jueguecillo del despiste donde ellas, sin yo imaginar nada, me toman la medida de mi cabeza, que hay que ver cuánto sufro de ella cuando me da el sol, y me preguntan cuál es mi color preferido, y yo les digo que el blanco para el verano y para el invierno creo que el verde, que el frío me congela la mollera por no tenerla cubierta y me cuesta responder con claridad. Y luego llega alguna de estas criaturas con un par de sombreros para cada estación y me llena el día con ese presente que no esperaba. Cómo no admirar el alma femenina. (Se me olvidaba; las de dedos largos son mandonas. Cogen ellas el control y por nada del mundo lo sueltan; sumarlas al inventario de eliminadas).

5.- FIDELIDAD.

La tentación es un concepto ambiguo. Una mujer instigada por un hombre es víctima de la provocación; un hombre seducido por una hembra, adultero. Lo cierto es que ellas no tienen las  mismas necesidades que nosotros; son más de sentimientos y los machos de pasión. Es un tema objetivamente científico que los varones tenemos una energía sexual que una sola fémina no puede aplacar. Por lo tanto, la infidelidad no es tal; se trata de canalizar el exceso de hombría hacia una liberación exclusivamente física porque el amor hacia una esposa impide otra cosa. Es fácil de comprender; que ellas también lo asuman así.

                Una vez finalizado este tratado sobre la forma de enamorar a una señora, pueden hacerme cualquier tipo de consulta que les sirva para tener tantas admiradoras como yo mismo tengo, aunque reconozco que aún no he encontrado a mi compañera ideal. No sé por qué será. (Por cierto, las señoritas de mandíbula prominente deben aumentar el listado de eliminadas, porque esa quijada saliente les hace parecer aún menos inteligentes).

                ANA Mª GARCÍA YUSTE

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