26. CURSO DE MASTURBACIÓN SEGÚN EL BATALLÓN

          Pues eso, que no me toca pero aquí estoy. Cuando ella me lo dice,“ Floro, ven” , yo vengo y creo que trae también a los demás. Pensé que debía ser serio que llamara a todo el batallón pero ahora que lo sé no me extraña: que diga algo sobre el curso de masturbación del que todos hablan. Y como ya estoy acostumbrado, ahí va.

                Que no me lo creo, que se han tenido que esquivocar; que esos títulos de “Tú me das cremita, yo te doy…” o “Afrodita y su manita” y “Más de tres sacudidas” los ha interpretado mal un miope en pleno brote de ardor pollino, que en realidad era “Tú me das cremita, yo te doy el pan”, “Afrodita y su hermanita” y “Más de tres sacudidas, terremoto al llegar” y que son talleres sobre cocina, fraternidad y geoalgo, que cómo van a hacer un curso para toquetearse los bajos, que eso viene ya de fábrica, que sería como organizar una clase para enseñar a sacarse los mocos. Que no, hombre, que eso es un error, como le pasó al Edelmiro, que era duro de oído y le oyó a la novia decir que le gustaban las horquillas para ponérselas en el pelo, asín que le regaló dos paquetes de por lo menos veinte en cada uno, y ella venga moños y recogidos para no hacerle el feo al Edel de que se enterara de que había escuchado mal, que en el pelo no eran las horquillas de vieja lo que le gustaba sino las orquídeas, sin más. Pues aquí igual; el que organizó el cotarro le dio a su secretario los papeles que informaban de los cursos de cocina, fraternidad y geoalgo y le dijo que hiciera copias “ a ver si conseguimos que todos tengan el folleto”, y éste, que andaba escaseado de tímpano y sobrado de furor cachondo, escuchó mal y le recorrió un escalofrío por todo el costado cuando creyó oír lo de “folleteo”, tanto que se fue al váter y cuando volvió más relajado vio que los pasquines a fotocopiar habían desaparecido; asín que tiró de su memoria y, sintiendo un gran bienestar después de haberse aliviado, reparó los títulos de los talleres que recordaba y los enfocó, según oyó, en el tema del folleteo pero en soledad, redastando los nuevos panfletos que hoy todos conocemos y que en origen eran del todo inocentes. Madre mía; esto no tiene demasiada consistencia, que hasta yo me doy cuenta. Esta doble vida me va a matar, pero prefiero creerme mis propios cuentos a imaginar a un grupo meneándosela en comuna. Que no, que ha debido ser un error; no puede ser otra cosa sino.

                ¿Cómo, un curso nuevo y yo, siendo Simón, no me he enterado?. Cualquiera diría que ando todo el día tumbado en el sofá, tocándome los huevos. Coño, si es para eso: curso de masturbación. Me pasa como a Don Floro; no puedo creerlo. Menudo revuelo se ha montado, y lo entiendo porque la verdad, que nos sobemos el felpudo no es el quid de la cuestión sino que nos den un diploma que certifique que somos doctos en el manejo del manubrio cuando, si la prostitución es el oficio más antiguo, sacarle brillo al palote es nuestro hobby más ancestral. Con la de paro que hay, qué pérdida de dinero porque, seamos claros, todos nos acariciamos la morsa de vez en cuando pero hacer de esto una materia de estudio es en sí una paja mental. Leo el propósito del curso: evitar la monotonía a los jóvenes que desde pequeños descubren la masturbación. Y eso está muy bien, sí señor, que cuando terminemos la macoca aplaudiremos, aunque luego volvamos a nuestra rutina del día a día, eso sí, ensayando las nuevas técnicas aprendidas para que nuestros amigos, peludos o rasurados, no se aburran y estén más entretenidos. Eso lo entiendo, que el tiempo libre da para mucho y las mentes se ensucian; que se lo digan a Pinocho, que todos sabemos que supo que era de madera un día de hastío, cuando se hizo una paja y se prendió fuego. Hay que entenderlo todo, que el conocimiento no ocupa lugar, pero que no nos cuenten chorradas, que la espada solo se afila de una manera, igual que de una sola forma se explora una cueva, que ya está casi todo inventado, que para examinar nuestros matorrales todos somos ya expertos.

                Yo, lo que pido es que al menos este curso no puntúe para mi currículo porque, desde que estoy en el paro, ni me la encuentro. Debo apuntar algo en mi diario, que no se me olvide; y es tan cierto como seguro. Es la única verdad en sí: si tú me das cremita yo te  doy una hostia.

 

                Ella es una señora y yo estoy obligado a respetarla como tal, pero es que hoy me tocaba a mí hablar, solo a mí, a Don Urbano, y no a compartir espacio con los demás aunque reconozco que es normal que acuda a mi intelecto por el tema a tratar. Para no redundar en lo que los demás ya han dicho, solo voy a hacer hincapié en algunas cuestiones:  

-¿En qué Universidad se licenció el maestro pajillero?.

-¿Es cierto que el onanismo compulsivo produce ansiedad  porque nunca sabes cuándo puedes parar?.

-¿Es verdad que el tedio está directamente relacionado con prácticas de autosatisfacción porque ni siquiera la tele te entretiene, luego a mejores películas y programas menor número de gayolas?.

-¿No es más cierto que cascársela demasiado produce dolor de cabeza porque la sangre luego no quiere regresar al cerebro y te pide más?.

-¿No es una verdad absoluta que uno nunca se la casca demasiado?.

– ¿Si es cierto que tocarnos la zambomba te deja ciego, cómo es que yo tengo vista de lince?.

-¿Es malo que el calvo se esconda encogido detrás de nuestras velludas bolas continuamente y no quiera salir, por mucho que insistamos y se nos ponga rojo?.

–¿Hay alguna relación entre tener pequeño el pene y poseer una gran inteligencia que te haga hablar en guiones?.

-¿Tener el pene siempre arrugado es un problema de piel o es solo un exceso de pellejo?.

-¿Si después del curso haces prácticas remuneradas en una empresa, te pagan por cargar la escopeta o también hay que disparar?. Lo digo por si a lo mejor te pagan más por exceso de producción.

-¿Se puede considerar enfermedad laboral que el profesor macoquero tenga callos en las manos y no pueda dar clase a gusto por falta de sensibilidad en su herramienta de trabajo?. ¿Y si el callo está en lo otro, puede pedir una baja por haberla tenido siempre alta?

-¿Si del meneo se me escuece la zona, los lubricantes los costea la Seguridad Social?.

                Bien mirado este curso puede resultar interesante aunque todos lo critiquen, porque aún me quedan muchos interrogantes que me pueden aclarar, y si encima es dándome cremita…

                Por encima de masajes en penes y testículos, de inseguridades frente a las vulvas, de masturbaciones y demás; dejando también a un lado que sufragar estos juegos de manos se haga con dinero público que hubiera podido destinarse a otros fines, digamos, menos festivos, no me vale el argumento empleado contra este insulso e inútil curso de que es más importante invertir el dinero en Educación o Sanidad cuando todos sabemos que la sexualidad, sola o compartida, forma parte de los dos ámbitos que con tanta vehemencia se defienden. Para mí, el fondo de la cuestión radica en el oportunismo de criticar, sea del color que sea el partido político, lanzarse contra un objetivo y destrozarlo. Nadie con un mínimo de coherencia negaría la vaciedad del curso en sí, el descaro de organizar algo de esta índole; pero es que el cinismo es un arma muy fría que entra despacio y va quemando con la publicidad que origina. Y aquí me veo yo, hablando de cremas y Afrodita. Ni penes ni vaginas, ni Sanidad ni Educación; no barramos más ni escondamos nuestras miserias debajo de una alfombra de impecable apariencia. Como siempre, todo forma parte de la doble moral.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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