25. TUTORIAL MASCULINO SEGÚN URBANO

          Buen día, compañeros. Soy Urbano. Para abreviar sin escatimar elogios a aquellos dos cuyo nombre no puedo escuchar sin apretar les diré:

-A Don Floro. Amigo de los marginales que viven en el extrarradio junto a las chumberas y cuya única ocupación en su currículum ha consistido en sacarse bolillas de entre los dedos de los pies: emplee su tiempo en menesteres más acordes a su preparación profesional como plantar patatas o recoger cartones y líbrenos, por favor, de esas esperpénticas anécdotas cuya moraleja más memorable es aquella que reza “tonto el que lo lea”, o dicho con sus palabras “la peña nosentera de ná porque zoy más basto que un collar de melones”.

-A Don Simón. A usted, cuyo apellido y no sé por qué se me antoja que será “calimocho”, le digo que siga con sus cursillos, cursetes y demás, pero por favor no nos torture con la visión de verle bailar en tanga, que aún me queda vida por vivir y en mis inquietudes no está convertirme en sicópata por ese trauma.

-A ambos dos. De verdad, con cariño les diré y en la medida de lo posible: abónense la sesera pero no demasiado, no vayan a salirles flores por el ojete y luego no se las sepan podar.

                Hoy seguiré en mi novedosa línea de exposición sobre temas de perenne actualidad, consiguiendo con total seguridad aclarar cuestiones con este tutorial que hoy trata sobre:

“CINCO MANERAS DE VALORAR AL HOMBRE SIN LLEGAR A SER MACHISTA”-

1-. APRECIAR SU INTELIGENCIA PERO SIN PERDER LA HUMILDAD.

                Entre los incontables puntos que tienen los hombres a su favor es justo sentenciar que su inteligencia es superior a cualquier otra, dicho esto sin pecar de soberbia pues sabido es por todos su supremacía frente a la desventaja que representa pertenecer al mundo femenil. No es con esto que quiera decir que los hombres tengan más intelecto que las damas; en ningún momento. Me flagelaría solo por pensarlo. Lo que digo es que nosotros poseemos una capacidad mayor de aprendizaje, lo que nos hace más capaces, luego más inteligentes, y como es así, decirlo no es altanero sino real; nos hace grandes la verdad. ¿No es la modestia un pecado de vanidad?. Pues cuanta más presunción, aunque cierta sea, menor grado de fatuidad.

2-. VALORAR SU ASPECTO FÍSICO PERO NUNCA EN DETRIMENTO DE LA PERSONALIDAD.

                El hombre debe cuidarse; eso es algo innegable, pero no en demasía ya que da lugar a ambigüedad. El acicalamiento excesivo al que me refiero puede dejar difusa la frontera entre lo puramente higiénico y la mariconería pura; es decir, no es necesario mayor cuidado que el que la propia naturaleza nos ha dado. Una dama debe asearse a diario pues su innata debilidad la expresa su cuerpo en forma de mal olor y debe embalsamarse en crema y ungüentos para preservar la juventud, que es su único atractivo. Sin embargo, un varón no necesita ducha diaria pues el sudor curte su piel y la hace más fuerte; de ahí que no precise más loción que su propia sudoración, aunque respeto a aquellos que se perfuman. Yo mismo lo hago con una colonia que uso desde hace años, no por fidelidad a la marca sino porque tengo el mismo frasco de toda la vida; un par de gotitas antes de salir a la calle y ya está, casi al natural. Con mi elegancia ya basta. Ésa es mi personalidad, sencillez y nada más.

3-. EXPONER SU EDAD CON ABSOLUTA FRANQUEZA.

                Aquí también hay variaciones en función de los años a contar

                *De 1 a 11 años: infancia, donde el cabeza de familia, el padre, debe ir sembrando en el niño el valor de la virilidad, sesgando cualquier brote de sensiblería.

                *De 11 a 25 años: el referente paternal aquí toma una gran importancia ya que ese futuro semental para el que se preparaba en los albores de la adolescencia, ahora se hace real con todo lo que conlleva: numerosas introspecciones en el mundo femenino de amplio escote y elección de una de sus integrantes pero de falda larga.

                *De 25 a 40 años: en este periodo el hombre ya se ha hecho a sí mismo y toma conciencia de que, sin descuidar su vida marital y teniendo a su esposa en el altar, el punto álgido de su atractivo está por llegar y sigue siendo un reclamo al que no se va a negar. Preguntar aquí la edad es un elogio.

                *De 40 a 60 años: ya no es un reclamo, es un neón pregonando su hombría, su arrojo, su seguridad, su ser autosuficiente e individual. Porque el hombre no envejece, se adereza; no se arruga, encallece y se hace mejor. Ésa es la pura verdad.

                *De 60 a 80 años: armonía+experiencia=perfección.

                *De 80 años en adelante: su sabiduría le permite al cuerpo descansar mientras la psique está en su mejor momento. Aún es necesario mantener el control sobre la familia aunque los hijos ya ni vayan ni la anciana de su mujer, en su bien aprendido sacrificio, se empeñe en hacer por él lo que la artrosis, diabetes, bronquitis y demás impidan a su marido, aunque en la larga lista de dolencias ello sume tres o cuatro más, que para eso se la ha educado.

4-. AFIANZAR EL DOMINIO DE SU INTELIGENCIA.

                Este punto es del todo imprescindible ya que a lo largo de la historia siempre se ha repetido la idea de que para que un hombre sea admirado, aparte de exigirle otras muchas cualidades, siempre ha de ir acompañado de un descomunal falo, y eso no es así. Yo, desde aquí, y con mi privilegiado intelecto, debo manifestarme en contra de tan machista actitud, y con ello no quiero decir que el tamaño de mi pene sea pequeño, de eso nada porque entro en la media, aunque a veces…, yo creo que con el frio…, pues. En fin, que las mujeres lo tienen más fácil porque a ellas no se les debe exigir más aptitud que las de ser guapas. Uno puede ser  muy macho, como soy yo, sin necesidad de ni siquiera mencionar el órgano sexual porque nuestro cerebro está bien dotado, sobrado de atributos que no solo vamos adquiriendo en nuestra propia envergadura sino también por las ampollas que nos da la vida para poder alcanzar un puesto y penetrar en el mundo del trabajo por nosotros mismos, solos, sin apoyadura.

5.-CABALLEROSIDAD.

                Qué bonito es ser un caballero, qué bonita la galantería y en qué buen lugar nos deja tratar a la mujer con cortesía, aunque no a todas por elegante que uno sea. Hay algunas que, más que piropos, yo les tiraría un jabón para que le lavaran la cara y se quitasen esas pinturas de pendón; o a esas que llevan tacones de aguja les soltaría un “bájate de esa altura, que casi se te ve la ropa interior”. Los tacones no es que sean malos; yo mismo  llevo calzas por dentro, y un poquito de cuña en el exterior. Lo malo de esas féminas es el arrojo con el que se ponen esos zapatos, su descaro en lugar de la discreción. Pero en general, un hombre que por tal se tenga, debe mostrar gentileza incluso con las feas, que estas pobres tengan su minuto de gloria, incluso por pura caridad, para que con nuestra mentirijilla sueñen en su ociosa soledad con un hombre que las lleve al altar. Hasta ahí llega nuestra generosidad.

ANA Mª GARCÍA YUSTE

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