8. EL CRUDO JAMÓN SEGÚN SIMÓN

          Saludos a todos. Soy Simón. Un amigo que lleva unos meses menos que yo en el paro me habló de un curso al que se había apuntado de “cortador de jamones”. Paco, mi amigo, decía que en el panfleto de publicidad garantizaban que un ochenta y cinco por ciento de los alumnos encontrarían trabajo, así que volé a echar la solicitud pensando que me habría enterado tarde; pero no, tarde no, a medias sí, o a enteras, según se mire, porque Paco no me comentó el detallito de que me iban a trincar cien euros de matrícula. Coño; cien por cortar jamón y acabar en el quince por ciento de los que nadie contrataría. Pero como la duda no es segura y encima le señorita del mostrador me decía que al final cada uno se llevaba su jamón, me convenció. En cuanto empezamos la cosa ya fue mal. El monitor se creía como una especie de catedrático de patas de cerdos, chuleando con los cuchillos al aire y vacilando con su impoluto delantal de que es maestro cortador, ojo, maestro, que en esto de los jamones también hay graduaciones, como en el ejército, empezando como soldado raso o cortador sin más, y pasando por cortador profesional hasta llegar a maestro  cortador, que será más o menos como general. Y va ese tonto del culo y nos dice que no cualquiera puede llegar a ser maestro, que hay que tener cualidades que actualmente escasean, como un saber estar, don de palabra, arte, humildad. Yo, de saber estar, como saber, estoy, pero ¿estar dónde?, ¿dónde estoy?: pues haciendo un curso chorras de doce horas con otros pringados como yo, y no por la grasa del cerdo. Don de palabra de sobra, que así engatusé a mi Paloma, mi esposa, y de don tengo el nombre, Don Simón, sin cachondeitos, por favor. En cuanto al arte, ahí sí voy bien armado. He experimentado a niveles de veterano de guerra, todas y cada una de las técnicas que se conocen para llegar a fin de mes Mi habilidad es tal que, junto a los buñuelos de viento, hago croquetas de aire y remiendo agujeros del tamaño de una boina, aparte de idear energías alternativas a la electricidad difíciles de explicar. Lo malo es lo de la humildad; esa última cualidad me falta, porque con el desempleo la arrogancia se dispara a un nivel inversamente proporcional al orgullo de saber que no tienes dónde caerte muerto. Menos mal que mi curso es solo de cortador; con eso me contento, y porque a lo mejor alguien me contrata y encima me llevo el jamón. Lo peor de todo fue eso: el jamón. Cuando lo vi me acordé de los cien euros que pagué, de Paco y de las canillas de toda su familia. Daba miedo verlo allí tumbado en el jamonero, recién asesinado de crudo que estaba, mientras pensaba que más que lonchearlo mejor sería freírlo, que más que curtirlo, empanarlo entre dos filetes y zampar San Jacobos; que más que curarlo, suicidarlo del todo. Cien euros por tocino fresco y hueso para la sopa, aunque bueno…, a lo mejor me contrataban. En la primera hora rematé el cadáver con un corte y le quité la corteza hasta llegar al filón del jamón. Y digo bien “filón” porque el monitor, con la excusa del cuchillo, detectó un yacimiento de carne y se puso fino a rebosar entre eructos de aquella maravillosa veta rodeada de panceta. Poco después de cuatro horas de cursillo la pata ya me sonreía con una “U” en el centro que decía “uy,uy,uy, eres tonto de petar”. Y eso a las cuatro horas; con un par de ellas más me llevaba la cuerda temblando a casa para guisar. Así, con mi cuchillo en alto, me aposté junto a mi grasiento amigo y, como un portero de discoteca matón, cada vez que el profesor pasaba por mi lado, yo gesticulaba con la cabeza el paso a otro muslo para catar, y si no servía gruñía como un perro y el maestro se acojonaba. Para cuando terminó el curso todavía me evitaba, pero parece que a mi amigo Paco no; poco le quedó del jamón pero luego, para dos meses, le contrataron, que entre eructos el caradura del monitor se lo consiguió. Suerte que tuvo. Yo, a mi manera, también; tengo un nuevo carné y este jamón. Pero trabajo no. Lo cierto es que una cometa nunca volará por mucho viento que haya, si los hilos que la sujetan la ahogan en lugar de ayudarla a levantar. En algún lugar tenía que meter esa gran verdad.

            Querido diario: he leído lo que un compañero ha escrito acerca del barquero de la canción infantil (post nº5), y no paro de pensar en ello. Me parecen muy interesantes todas sus opciones pero creo que hay algunas que no ha mencionado. Puede que el trabajador esté supliendo una baja del titular de la barca y quiera conseguir una interinidad trabajando duro y haciéndose el simpático, lo que se plantea el tema de si el trabajador está o no sindicado. Además, ¿qué cursillo ha hecho para que le den este trabajo, el de patrón de barco?. ¿Y la niña?, ¿y si, a lo mejor, no es una niña sino una señora bajita un poco pendón que le ha hecho morritos al empleado y luego se arrepintió, pero que el hombre lo comprende porque es de buen interior?. ¿Y la barca?, ¿está acondicionada para el transporte humano o también carga animales?. Lo digo por si al monitor del curso de jamones le da por viajar. Y todo este follón para ahorrarse un puente y los sueldos del ingeniero, perito, transportistas y demás, y poner en su lugar a un desgraciado sobre el que cargar toda la responsabilidad .A ver si me entero de cuál es el curso que ha realizado porque, desgraciado o no, lo cierto es que él tiene trabajo y yo solo un crudo jamón.

P.D.: Me he apuntado a un curso de pesca con mosca. Por si las moscas.

ANA Mª GARCÍA YUSTE.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s