7. LAS APARIENCIAS SEGÚN FLORO

         Ola amigos, soy el Floro. Acabo de leer lo del Urbano (post nº 5) y entodavía no me queda claro lo del barquero. Estoy en plena reconcentración (que lo he leído en el diccionario y es lo mismo que concentrarte pero con reconcome) de lo que ha escrito, y he llegado a la conclusión de que no me entero de ná. Y lo del Simón (post nº 4) y su carné de gases fluorados suena a cuesqueo en colores. Madre mía; hasta para traquear por atrás hay que estudiar. Pues menudas multas me pondrían a mí, porque soy de mucha cuchara y ya se sabe…, con el cocido o las habichuelas… En fin, qué gente más rara. Pues eso, que hoy ella me ha dicho que a ver si tengo coj…, que si soy capaz de una cosa. Que si soy capaz de escribir sobre un tema, curtamente dicho, y encima sin faltas de hortografía, y yo le he dicho que para qué, y ella dice que es porque el tema de hoy es si es o no verdad que el que no es puede aparentar, y yo le he respondido que aquí estoy yo, que quien lea lo que voy a escribir va a creer que lo ha redastado el mismísimo Cervedo o el Quervantes ese, y no se va a notar que el tonto del pueblo pueda hacer una redassión imprecable. Pues eso. Pero claro, como educado soy un rato pero tonto por horas, he dicho rápido que sí sin seguir las recomendaciones de mi compadre, el leñero, que dice que se lee hasta las instrucciones de un mechero. Vamos, que he aceptado el reto y el cogido la manopla que me ha tirado sin saber el tema en cuestión. Por si no fuera ya difícil  hacerlo curto y sin faltas, va y me dice endespués, muy seria ella pero yo le noté las risitas, que escriba sobre un apretón. Bueno, asín no lo ha dicho; que hable sobre una “indisposición digestiva”. Y fue oírlo y me cagué; que cómo coño hablo curtamente se algo asín. Pero como he dicho, aquí estoy yo, con dos coj…, con dos descrotos, que es posible pasar al Floro por licenciado y, endepués, las risitas se las va a tener que tragar. Pues eso; ahí va:

            “El sábado, en su jornada matutina, me encontré aleatoriamente con Olegario, el dueño de la vaquería. Cuán alegre me puse cuando le vi. Como es muy simpático, expansivo, jovial, adorable, cautivador, cuco y arrebatador, me invitó a probar uno de los quesos que él mismo elaboraba haciéndolos. Hmmm, ¡qué rico estaba!, ¡qué sabor tan divino e imponderable!, ¡qué bien!. Luego, como su compañía era tan encandiladora, acepté paladear unas chuletas de ternera con un vino que tenía un sabor raro, pero me lo bebí por educación. Creo que fue eso lo que no asimiló el organismo de mi cuerpo porque mis tripas comenzaron a quejarse con grititos graciosillos al principio y luego con los silbatos y megáfonos de una manifestación. Como no podía disimular el ruido tosí, y del esfuerzo se me escapó una ventosidad que noté acompañada de algo entre medias del estado líquido al sólido. ¡Oh!, me alarmé. “¿Dónde está el mingitorio?”, pregunté, y con los muslos muy cerrados seguí las instrucciones de mi amigo Olegario. Eché bien el pestillo y me abandoné al desahogo. ¡Cuán aliviado me sentí cuando defequé!. A continuación de hacer de vientre noté que el fruto de mi ídem tenía un olor ingrato,  así que aireé el habitáculo pero la densidad de las sustancias de mi deshecho pesaban mucho y no se iban, por lo que utilicé un ambientador de fragancia agreste que había, y ni por esas el aroma del interior de mi cuerpo desaparecía. Al momento del instante me acordé del truco del cerillo. Inflamé fuego a uno que llevaba en el bolsillo y parece que la esencia de mi evacuación desapareció. ¡Qué bien!, ¡lo conseguí!. Pero luego otro problema llegó porque de tanto papel que utilicé para limpiarme se formó un atasco y la cisterna no daba abasto. Y la deposición venga a dar vueltas y vueltas, mareándome hasta a mí con el pestazo cuando, como un rayo, se hundió por el agujero, fugándose con ella toda el agua. ¿Qué habrá pasado?, me pregunté; ¿será grave?, me pregunté también, y en el mismo santiamén que bajaba la cabeza para ojear de cerca, el inodoro escupió una bocanada de zurullos con inquina, restregándome en la cara una mascarilla de boñigas que no creo que fueran todas mías. Se ve que el vino de Olegario hacía furor y había más de una obstrucción en las cañerías por su embotellamiento. ¡Jolines, qué fastidio!. Me lavé la cara y volví con mi amigo, que miraba los lamparones marrones de mi camisa moviendo las aletas de la nariz, y me senté a su lado. De pronto sentí una gran quemazón en la parte externa de mi aparato excretor “¿Qué te pasa?”, me decía Olegario echándome otra vez vino. “Pues eso”, le dije yo, “que me tengo que ir ya”, y me levanté con retortijones solo con ver otra vez el tinto. “Pues adiós, Floro”, “Olegario, adiós”, y apreté bien la canilla cuando me regaló una botella de aquella lavativa. En cuanto llegué a los lares de mi dirección, me aposenté en mi váter y sonreí, pero no solo porque soy muy simpático, expansivo, jovial, adorable, cautivador, cuco y arrebatador, sino también porque me acordé del asesor. Al día siguiente le regalé la botella con lacito incluido y la aceptó. Me parece que en mucho tiempo no voy a poder pasar por el centro del pueblo”.

            Está claro que he demostrado que he sido capaz. Pues eso. Endespués del trabajo no ha quedado nada mal. Hombre, el tema en sí mismamente es difícil y…, bueno, no hay faltas de hortografía y las expresiones son…, pues eso, ha sido difícil y lo he hecho, aunque…, algunas cosas… ¡Coño!, ¡que ya lo sé!, que el Quervedo lo haría mejor, pero a ver si él ha hablado de alguna cagalera sin escribir la palabra cagar, que cuando uno va al váter caga, que defecar es muy raro, que defecan las aves y las mariposas, pero yo cuando quiero jiñar me siento en el trono a cagar. Pues eso, no es posible aparentar sin ser, que el hábito no hace al monje cuando el monje va en bolas debajo de la capa mientras los demás pesan más por exceso de ropa. Por cierto, pensando en el barquero y en la contestación de la arrabalera de la niña de que “yo no soy bonita ni lo quiero ser”, en vez de agradecerle que la llame guapa cuando seguro que es un callo, ¿por qué no la manda a la deyección, evacuación o al resultado de una indisposición digestiva o mismamente a la mierda?.

Ana Mª García Yuste

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s