1.EL COMIENZO

          Empezamos, empiezo; al menos eso espero. Para mí será una nueva posibilidad de comunicar con aquellos que así lo quieran. Estoy segura de que puede ser interesante compartir lo que pienso para descubrir que hay otros como yo, que afilan lo ya afilado, y que miran a su alrededor disfrutando la mayoría de lo que ven y comprobando que lo que afea el resto es ese color ambiguo e inexacto, con matices más fríos que entusiastas, con el que todos teñimos nuestra particular visión de las cosas. Hablo de un mundo excesivo y disparatado donde se regulan curiosidades como una sanción por tirar un chicle al suelo mientras se relega a la indiferencia que a su lado, tirado en la acera, un hombre duerma arropado entre cartones; donde el que trabaja honradamente diez horas al día no llega a fin de mes a menos que una su sueldo con el de otro trabajador deshonrosamente explotado; donde el legislador ha desperdiciado el precioso tiempo que tiene en regular multas por dar de comer a las palomas mientras que el que resbala con  sus cagadas, y me refiero a las de las aves, no puede quedarse en casa a reposar el esguince por ser autónomo, que no funcionario; donde el más tonto de la clase tiene un padre que le labra el camino hasta casi tamizar la arena que pisa para que yo, que me parto el cuerno a embestidas para no terminar entre esos cartones del suelo, le digo a mi hijo que se esfuerce en matemáticas y lengua, que ya verá lo que después le ayudarán en la vida. Mentira.

           Por pequeña que sea, una contribución es un añadido, como también lo es actuar y, más todavía si cabe, no actuar. Ver discurrir la vida a tu alrededor es cómodo, pero no es tu vida si no la vives y te limitas a mirar; eso es el significado de la indiferencia. Sería constructivo poder opinar sin perder la perspectiva del lugar donde nos encontramos porque de lejos resulta fácil juzgar. Tengo unos amigos que así lo piensan: Floro, Simón y Urbano. Ellos, junto a mí, con su peculiar visión de la realidad, me ayudarán a contar lo que a veces yo no quiero, con su extravagante honradez y humildad. Cada miércoles, si así lo queréis, aquí estaremos para charlar.

          Agradezco vuestra atención, tiempo y, espero, vuestra curiosidad en volver a encontrarnos la próxima semana.

Ana Mª García Yuste

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